Hermanos y hermanas, en Jesús crucificado queremos contemplar a todos y todas las crucificadas de nuestro mundo. Este día es para poner en el corazón del Padre y en nuestro corazón toda expresión de sufrimiento, injusticia y muerte. Respondemos:
Queremos ser misericordia, esperanza y vida
“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
Nos ponemos en el corazón de nuestro Padre Madre cuando preferimos vivir en nuestra zona de confort siendo cómplices del mal vivir de tantos y tantas. Cuando suplicamos tu perdón y no perdonamos a quienes necesitan o esperan una palabra o un gesto reconciliador por nuestra parte. Que la paz de nuestro Padre Madre llegue a cada corazón atormentado por la culpa, por las heridas en el alma… Que acertemos a reconciliarnos con nuestras torpezas, con nuestros intentos fallidos, con nuestro servicio interesado, con nuestro amor egoísta….
(Breve silencio)
Queremos ser misericordia, esperanza y vida
“Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.
Ponemos en el corazón de nuestro Padre Madre a todos los hombres y mujeres que están agonizando en un hospital, en una residencia, en su casa o en algún rincón sin techo en nuestro mundo. A cada uno y cada una que vive sin horizonte ni esperanza a causa del maltrato de su pareja; a los que arriesgan su vida subiéndose a un cayuco en busca de una vida un poco mejor; a quienes tienen por único cobijo el cielo en el campamento de refugiados; a los que padecen dolores insufribles por enfermedad; a los que no esperan ni tienen a nadie que esperar…
(Breve silencio)
Queremos ser misericordia, esperanza y vida
“Mujer, ahí tienes a tu hijo”.
Ponemos en el corazón de nuestro Padre Madre a todas las madres que sufre a causa de la enfermedad de sus hijos; a las que han hipotecado su vida para cuidar del hijo discapacitado; a las que ven morir a sus hijos sin poder amamantarles; a las que lloran sin consuelo porque sienten sus vidas injustamente sentenciadas. A las que pierden al esposo y se sienten perdidas sin saber cómo vivir. A las mujeres explotadas sexualmente, a las que luchan por salir del infierno del maltrato y a las que no se atreven a denunciar y siguen sufriendo en silencio. A cada mujer que ha perdido la vida en nombre del falso amor. A tantas mujeres invisibles en sus puestos de trabajo, a las no reconocidas en su entrega silenciosa y generosa en favor de los demás; a las mujeres apartadas de los cargos en la Iglesia; a las que no tienen ni voz, ni voto, ni derechos ni futuro.
(Breve silencio)
Queremos ser misericordia, esperanza y vida
“Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?”
Ponemos en el corazón de nuestro Padre Madre a los hijos e hijas abandonadas a su suerte a causa de las adicciones de sus padres; a los niños y niñas abandonadas en los orfanatos de medio mundo; a los que son explotados sexualmente o terminan como mercancía en el oscuro comercio de órganos. A los hombres y mujeres abandonadas en las calles de nuestras ciudades, condenadas a la exclusión por falta de recursos económicos, intelectuales, afectivos o sociales. A los hombres y mujeres mayores abandonados en las residencias que esperan sin recibir la visita y el cariño de los suyos.
(Breve silencio)
Queremos ser misericordia, esperanza y vida
“Tengo sed”.
Ponemos en el corazón de nuestro Padre Madre esa parte de nuestro mundo que muere por falta de agua. También a aquellos que tienen sed de justicia mientras están privados de libertad en las cárceles; a los que tienen sed de igualdad porque sufren discriminación por sexo, religión o color de la piel. A los que tienen sed de amor porque nadie les ha amado y sueñan con sentirse alguien para alguien algún día. A los que tienen sed y necesidad de paz porque el ruido de la violencia es su música de fondo. A las víctimas de las guerras, a los que han muerto, a los que lloran su ausencia …
(Breve silencio)
Queremos ser misericordia, esperanza y vida
“Todo está cumplido”.
Ponemos en el corazón de nuestro Padre Madre a cuantos necesitan experimentar la vida más allá del cumplir con la ley, con las normas o con lo considerado como correctamente establecido. También a todos y todas las que buscan en el cumplimiento su seguridad, la aprobación del otro. A los que anhelan una vida con anchura de mente y corazón, más allá de cualquier ley de orden social, político o religioso. A los que han entendido que la ley es para el ser humano y no el ser humano para la ley. A los que dictan y legislan las leyes que no buscan el bien de los más desfavorecidos.
(Breve silencio)
Queremos ser misericordia, esperanza y vida
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.
Ponemos en el corazón de nuestro Padre Madre a nuestra querida comunidad eclesial, en tantas ocasiones, atrapada en sus propias estructuras, rituales, lenguaje y formas. Al Papa Francisco en estos momentos de especial fragilidad. A cuantos anhelamos vivir bajo el soplo del Espíritu. A los que nos encomendamos con confianza al corazón de Dios. A los que hemos tenido la inmensa fortuna de conocer a Jesús y nos sentimos hoy desconcertados al verle en la Cruz. A los que día a día somos conscientes de nuestra fragilidad y buscamos la fuerza del soplo del Espíritu para crecer en humanidad.
(Breve silencio)
Queremos ser misericordia, esperanza y vida
Vicky Irigaray
