Hermanos y hermanas, la Palabra de hoy nos recuerda que el Reino de Dios se da en la ambigüedad de la Historia y que tenemos que amar la realidad tal cual es, aunque la anhelemos distinta. Oremos.
Queremos ser fermento de humanidad, en el corazón del mundo
Que la Iglesia sea llamada e invitación a vivir poniendo en práctica el amor al prójimo, más allá de cumplimientos, ritos o normas dadas.
Queremos ser fermento de humanidad, en el corazón del mundo
Que los creyentes no nos erijamos en jueces definitivos, dividiendo a las personas y acontecimientos en buenos o malos, sino movidos siempre desde la misericordia.
Queremos ser fermento de humanidad, en el corazón del mundo
Que nosotros y nosotras seamos conscientes de que no existen comunidades perfectas, mundos ideales, que acertemos a convivir con paz en la ambigüedad trabajando siempre con deseo de mejorar.
Queremos ser fermento de humanidad, en el corazón del mundo
Que acertemos a fermentar toda la realidad y la vida de las personas con los valores del Reino.
Queremos ser fermento de humanidad, en el corazón del mundo
Que al estilo de Jesús nos metamos de lleno en los problemas de las personas y de los pueblos, actuando con sencillez, con humanidad, encargándonos y cargando con la realidad.
Queremos ser fermento de humanidad, en el corazón del mundo
Padre Madre buena, el Reino de Dios necesita para su realización, nuestro empeño, trabajo y acción, que todos nosotros renovemos en este momento nuestra apuesta por tu Reino.
