Hermanos y hermanas, nuestra fe puede comenzar a despertarse de nuevo si acertamos a gritar, desde el fondo de nuestro corazón, lo que los discípulos gritaron a Jesús: “Auméntanos la fe”. Oremos.
Que la fe en Jesús aliente nuestra vida de cada día
• Que la Iglesia sea signo hoy de la presencia del Reino de Dios por su amor desinteresado, total y de ayuda, en favor de los más desfavorecidos de este mundo.
Que la fe en Jesús aliente nuestra vida de cada día
• Que los creyentes escuchemos la llamada a sumir nuestra responsabilidad en la comunidad, a ejercerla con amor y respeto, con compresión, sin juicios ni miedos.
Que la fe en Jesús aliente nuestra vida de cada día
• Que nuestra ley sea el amor, el servicio sencillo, la acogida cálida, la escucha atenta y respetuosa, la palabra que alienta, la mirada que sostiene, la mano que ofrece la paz.
Que la fe en Jesús aliente nuestra vida de cada día
• Que los responsables de nuestras instituciones y gobiernos trabajen construyendo caminos de diálogo y justicia entre los pueblos; derribando vallas y concertinas, favoreciendo sobre todo a los más vulnerables.
Que la fe en Jesús aliente nuestra vida de cada día
Padre Madre buena, que todos nosotros reconozcamos la gratuidad de tu amor y el don de la fe, que nos hacen vivir en plenitud; que seamos sembradores de igualdad, justicia y paz.
Vicky Irigaray
