Fe Adulta

Pedro 3, 18-22

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Pedro 3, 18-22

Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu.
En el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados, en otro tiempo incrédulos, cuando les esperaba la paciencia de Dios, en los días en que Noé construía el Arca, en la que unos pocos, es decir ocho personas, fueron salvados a través del agua; a ésta corresponde ahora el bautismo que os salva y que no consiste en quitar la suciedad del cuerpo, sino en pedir a Dios una buena conciencia por medio de la Resurrección de Jesucristo, que, habiendo ido al cielo, está a la diestra de Dios, y le están sometidos los Ángeles, las Dominaciones y las Potestades.
Es un texto escrito probablemente en Roma después de la muerte de Pedro, y fundado en su predicación. Su «teología del diluvio» y de la acción de Cristo sobre lo antepasados que esperan en “el Hades” nos resulta un tanto lejana, incluso incomprensible.
Nos quedamos solamente con la idea de que es un texto bautismal, centrado en «salvados a través del agua», imagen muy usada en la primera Iglesia, en la que el agua es el mal, el pecado, la muerte (como realidad y como símbolo) de que se salva Jesús, salvado de la muerte por el Espíritu, y nosotros, que nos incorporamos a su resurrección por el Bautismo.

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