Querido Rafael:
Recuerdo aquella ocasión, en uno de mis viajes a Madrid, en que traté de ponerme en contacto contigo para ir a conocer a Fray Marcos. No pudo ser, pero eso no implica que no me encuentre cerca en los momentos del dolor humano y también de la alegría y la esperanza.
Te deseo paz y serenidad, porque tu querida Conchita ya lo tiene TODO
