
El Espíritu de Dios no se encierra en grupos o instituciones, sino que es soberanamente libre. La causa de Jesús excede con mucho los límites de la comunidad y de la misma Iglesia.


El Espíritu de Dios no se encierra en grupos o instituciones, sino que es soberanamente libre. La causa de Jesús excede con mucho los límites de la comunidad y de la misma Iglesia.
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