
Jesús vive la cara y la cruz en Jerusalén. A la entrada es aplaudido como un rey y, poco después, abucheado y ajusticiado como un criminal. Jesús vive también la noche oscura de Getsemaní. Siente angustia y una tristeza como de muerte. Hoy, como ayer, nuestro mundo sigue atravesado por senderos de cruz. Ahora nos toca romper con muchas cosas, nos toca construir de nuevas formas. Hagámoslo priorizando a las personas. Seamos testigos de la resurrección en nuestra sociedad y ante nuestros hermanos, especialmente en la cercanía y solidaridad con todas las personas. Aprendamos las enseñanzas de la Pasión y participemos de la Resurrección.
