EXPERIENCIA SINODAL PDRE – Colombia
Un saludo para los gestores de Fe Adulta. Gracias por este espacio para participar en este acontecimiento eclesial tan importante.
Yo ejercía el ministerio sacerdotal hasta el mes de julio pasado en la Diócesis de Arauca en Colombia. Me enamoré y por amor a mi pareja y por amor a la Iglesia me hice a un lado.
Respecto a la pregunta que nos convoca en Sínodo debo decir que en la Diócesis de Arauca tuvimos una experiencia sinodal gracias al llamado Proceso Diocesano de Renovación y Evangelización (PDRE) que era una metodología pastoral orientada por el Movimiento por un Mundo Mejor del Padre Ricardo Lombardi S. I.
Con esa metodología el Señor Obispo, junto con los sacerdotes, los diáconos, los seminaristas, las religiosas y los fieles laicos gozábamos de varios espacios tanto a nivel parroquial, como en los arciprestazgos y a nivel diocesano donde todos podíamos aportar ideas, evaluar la acción pastoral y programar nuevas acciones evangelizadoras.
Desafortunadamente el PDRE fue perdiendo importancia, en parte por la falta de comprensión de la lógica metodológica.
Aparte de lo anterior, ahora en mi nueva situación personal, apartado del ejercicio ministerial, percibo que quienes fuimos sacerdotes o relgioso@s, sentimos una sensación de autocensura, sin desconocer que los demás miembros de la Iglesia también aplican un cierto rechazo. Lo anterior plantea una serie de vacíos al interior de la Iglesia que pueden afectarla sinodalidad como práctica vivencial a la que el Santo Padre el Papa Francisco nos está llamando.
De nuevo gracias a Fe Adulta por ofrecer este espacio para hacernos partícipes de este Sínodo sobre la Sinodalidad. Dios los bendiga y la Santísima Virgen los acompañe
Héctor Augusto
UN SÍ A CONTAR NUESTROS SUEÑOS
Ante todo, muy buenas tardes desde un día primaveral y hermoso en mi Buenos Aries, Argentina.
Para seguir, es un placer la lectura y re-lectura de Fe Adulta,
Posiblemente abuse de esta idea sinodal de participar en el Sínodo a través de ustedes. Felicitaciones.
Y ahora sí: he «escuchado» atentamente las reflexiones presentadas y, como pienso que la escucha activa y real tiene un ida y vuelta, haré una pequeña devolución.
Es verdad que a caminar juntos se aprende, y es difícil. Creo firmemente que necesitamos una misma dirección, pero la velocidad no siempre puede ser la misma, lo mismo que los métodos y recursos.
Es cierto que estamos mal enseñados, pero también somos «mal aprendidos».
Un SÍ muy grande a la propuesta de recoger en breves documentos, el sentir de los colectivos de base,
Y es «justo y necesario» que desde las bases, nos animemos a contar nuestros sueños en todo momento y lugar, (oportunos o no)..
Me gustaría contar mi experiencia en parroquias y comunidades populares. Las dos cosas juntas, porque así fueron.
Parroquia franciscana, detalle importante, periferia. En mi larga vida, muchas fueron las vivencias vividas de sinodalidad, encuentro, caminar juntos, participación real , momentos en los que uno palpa que la Iglesia de Jesús es un anticipo del Reino…pero, oh casualidad, fueron procesos y acontecimientos nacidos y vividos desde las bases del Pueblo de Dios.
Muy distinto fue cuando venían las consignas «de arriba», porque había que cumplirlas sí o sí, o las sugerencias se diluian en palabras más elegantes o «respetuosas», los proyectos nunca se llevaban a cabo, las comisiones testimoniaban siempre cosas lindas. Realidad pura cuyos detalles no vienen al caso.
No estoy negando la necesidad de un norte, una organización o coordinación, pero muchas veces métodos, recursos y ordenamientos, cercenan o niegan los mismos fines.
Nuestra jerarquía no asume el sacerdocio de nuestro bautismo, ni la posibilidad de errores en sus metodologías, ni la de pedir perdón, o ser humildes, como dice Cristina Inogés.
Soy Beatriz G. Bartolini, tengo 88 años, y sigo soñando, para lo cual «me mantengo bien despierta»-
¡¡MUCHAS GRACIAS!!
Beatriz G. Bartolini
EXPERIENCIA SINODAL EN VALENCIA
Nos ha venido muy bien en las parroquias rurales y más sencillas poder reunirnos para rezar y conversar acerca de cuatro asuntos que serán tratados en un Encuentro de Laicos que tendrá lugar en noviembre de este 2021 en nuestra diócesis de Valencia. Los temas son:
1.- La Familia.
2.- Los jóvenes.
3.- La transmisión de la fe.
4.- El diálogo fe-cultura.
Aunque las parroquias de las que hablo son pequeñas y escasas en número de feligreses y feligresas, tuvimos el gran regalo de podernos reunir para dialogar en libertad sobre estos asuntos. Está claro que la institución matrimonial y familiar ya no es entendida por la mayoría y sobre todo por los jóvenes tal y como la entendían nuestros padres o abuelos. Sin embargo, teniendo presente la invitación del Papa Francisco, vimos la necesidad de presentar precisamente a los más jóvenes la alegría de casarse en el Señor, pues formar y ser una familia es una buena noticia para la Iglesia y para el conjunto de la sociedad. Es necesario ayudar a los jóvenes a labrarse su propio futuro y también es necesario que las Administraciones apoyen económicamente a los jóvenes para que puedan tener un empleo y un salario dignos y así dejen el nido paterno o materno para iniciar la aventura de crear nuevas familias donde se viva la fe en Cristo.
Nos preocupa la situación de los jóvenes que no tienen modelos de referencia sanos. Nos preocupan los hijos e hijas de las parejas que se han separado o divorciado. Nos preocupa que no se eduque a los niños, adolescentes, jóvenes y mayores en la fe cristiana. Ahora son los abuelos y abuelas los encargados de hacer de padres o madres. Los roles se han modificado sustancialmente. Y los niños necesitan del padre y de la madre, de los abuelos, de los hermanos y de otros posibles miembros de la familia, sobre todo si viven bajo el mismo techo.
Esta realidad dificulta la transmisión de la fe. Algunos se conforman solamente con recibir los Sacramentos del Bautismo y de la Primera Eucaristía y ya nada más. Con todo, es esperanzador que un pequeño grupo de adolescentes y jóvenes pidieran al sacerdote poder prepararse para recibir el Sacramento de la Confirmación. Aunque el tiempo de pandemia lo complicó todo, hemos afrontado la situación valientemente y, tomando las medidas necesarias, nos hemos venido reuniendo una vez a la semana para compartir, escuchar la Palabra y orar. Insistimos en que han de ser los propios jóvenes los evangelizadores de otros jóvenes contándoles lo que han visto y oído en la Persona de Jesús (lema del DOMUND 2021)
También hemos caído en la cuenta de que se ha roto en gran manera el diálogo entre fe y cultura. La fe necesita penetrar en la cultura de los pueblos y en la vida de las personas si es que queremos que el mensaje cristiano sea conocido y apreciado por los no creyentes, los no practicantes y los indiferentes. El diálogo fe-cultura es más que necesario. No hablamos del diálogo que se pueda llevar a cabo en las altas instancias y por grandes profesionales, sino el diálogo sencillo, humilde y fraterno que supone mirar al otro como un hermano, como un hijo de Dios y no como un enemigo o un rival.
Constatamos la necesidad de reunirnos, al menos una vez al mes, para compartir nuestras experiencias de fe y vida, para orar y para ayudarnos a crecer en cristiano. Ahora se ha abierto ya la fase diocesana del Sínodo sobre la Sinodalidad y creemos que nuestra pobre voz también merece ser escuchada. Los encuentros que hemos tenido hasta ahora han valido la pena.
José Vicente – Valencia, 2021
