
Jesús está mirando el mundo desde una montaña alta. A sus pies se le presentan todos los reinos con sus conflictos, guerras e injusticias. Ahí quiere él introducir el reino de la paz y la justicia de Dios. El diablo, por el contrario, le ofrece el poder y la gloria si se le somete, pero el mundo no se humaniza con la fuerza del poder. No es posible imponer el poder sobre los demás sin servir al diablo.
