
Simeón y Ana, con ojos de fe, vieron en aquel niño la luz de Dios. No lo busquemos en las alturas sino en las bajuras; no lo esperemos entre los poderosos, sino entre los sencillos; no lo queramos ver en lo grandioso, sino en lo pequeño. La fe auténtica nos capacita para alargar la mirada y ver más allá, hacia lo profundo de la vida.
