Fe Adulta

27 enero

Sábado de la 3ª semana (Mc 4,35-41)

Se lo llevaron en barca, como estaba. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi hundirla. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: Maestro, ¿no te importa que nos hundamos? Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: ¡Cállate! El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe? Se quedaron espantados y decían: ¿Quién es este? ¡Hasta el viento y el mar le obedecen!

La armonía con la naturaleza lleva a una inmensa paz

Los discípulos lo apartan de la multitud y de otras barcas. Esta exclusividad es la raíz del mal espíritu que se desata a continuación y que pone en peligro la misión.

Al estar dormido Jesús, no sienten su presencia (hace referencia a la presencia oculta del tiempo pascual). La queja de Jesús solo indica reproche a su desconfianza.

Si confían solo cuando ven los hechos, quiere decir que tienen que ver para creer. Esa fe-confianza no es válida y demuestra que aún no han salido de sus prejuicios judíos. Deben confiar en la presencia de Dios en ellos.

Jesús increpa al viento y al mar como hacía con satanás. Es una señal de que el mal espíritu del nacionalismo sigue vivo entre los discípulos. Pero también de que Jesús ha vencido la principal tentación de su mensaje.

No es que el viento y el mar obedezcan a Jesús, es que él está en armonía con la naturaleza y no tiene miedo que su fuerza le dañe. Los discípulos están llenos de miedo porque están perdidos en sentimientos partidistas.

Creer en Jesús sin descubrir que toda su fuerza está también en nosotros, es falsificar el mensaje. Jesús no tenía el comodín de lo divino sino plenitud de lo humano.

 

Fray Marcos

 

 

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