Fe Adulta

5 febrero

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Lunes de la 5ª semana (Mc 6,53-56)

Terminada la travesía, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret. Y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba, le llevaba los enfermos en camillas. En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban.

Es difícil superar la trampa del mesianismo material

No es fácil armonizar las narraciones evangélicas sobre los milagros con la constante advertencia de que el Reino no consiste en la liberación de las limitaciones.

Con frecuencia intentan convencernos de que Jesús no vino para curar enfermedades ni echar demonios, pero los evangelios ponen tanto énfasis en esas muestras de poder que es casi imposible no dejarnos engañar.

Aparece la dificultad de comunicar un mensaje tan desconcertante. Por una parte tienen que demostrar que Jesús viene de parte de Dios, acreditándolo con acciones que solo Dios puede llevar a cabo.

Por otra parte necesitan dejar claro que su mesianismo no es el que los judíos esperaban: alguien con poder divino que superara todas las limitaciones humanas.

Después de veinte siglos, seguimos manteniendo esa ambigüedad. Sabemos que la verdadera salvación no consiste en darnos seguridades materiales, pero a la vez, estamos todos los días pendientes del favor de Dios.

No acabamos de aceptar que podemos desplegar nuestra plenitud de humanidad por muchas limitaciones que descubramos en nosotros. Nada debemos esperar de Dios, porque nos lo ha dado ya todo.

 

Fray Marcos

 

 

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