Fe Adulta

14 febrero

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CUARESMA

Llevamos muchos siglos afrontando la cuaresma desde una visión maniquea de la realidad. Debemos descubrir otro sentido más profundo y menos negativo. No se trata de hacer penitencia sino de cambiar de mentalidad.

Y sin embargo, en ningún momento de la historia ha tenido el ser humano más necesidad de la cuaresma. Nunca le han acechado tanto las tentaciones engañosas.

El hedonismo, el poder y la vanagloria son hoy más que nunca los motores de nuestra sociedad. Necesitamos como nunca la retirada al interior de nosotros mismos. Nos va en ello dar sentido a nuestra humanidad.

Nada se consigue sin esfuerzo. Sin entrenamiento no hay posibilidad de ganar la carrera de la vida. Sin fortalecer lo humano, no podemos pretender la plenitud.

Debemos recuperar el sentido de ‘metanoia’, que no es el hacer sacrificios sino cambiar la mentalidad, salir de los engaños que nos conducen a un falso bienestar. Eso solo se puede conseguir con el ejercicio de la mente.

No se trata de fortalecer la voluntad sino de aclararnos en la visión de lo que es bueno o malo para desplegar nuestra verdadera humanidad. El placer inmediato tiene más fuerza de atracción que el gozo humano aplazado.

El tiempo de cuaresma es propicio para una ejercitación de la mente que nos permita ir más allá de lo racional e impida que la razón se ponga al servicio del instinto.

MIÉRCOLES DE CENIZA

(Mt 6,1-6.16-18)

Cuando des limosna, que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha. No oréis como los hipócritas, de pie en la sinagoga y en la plaza, para que los vean. Cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre te pagará. Cuando ayunéis, no estéis tristes, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver que ayunan. Cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre.

Ayuno, oración, limosna, relaciones que humanizan

La penitencia por ostentación o como sacrificio no tiene sentido ni va a mejorar mi relación con Dios. Recobrar su verdadero valor no será fácil. Deben ser ejercicios útiles para no dejarte llevar por el placer inmediato.

No debemos pensar que a Dios le encanta que nos sacrifiquemos haciendo cosas que nos desagradan o dejando de hacer aquello que nos gusta. Desde esa perspectiva, estas prácticas son un verdadero sarcasmo.

El ayuno nos prepara para una relación adecuada con nosotros mismos que potencie nuestra humanidad, superando el hedonismo que nos arrastra al placer. El placer de comer no es malo, el comer solo por placer sí.

La oración nos ayuda a descubrir a Dios como fundamento de nuestro ser y nos abre el camino hacia la plenitud. Desde la superficie nunca llegarás a ser tú.

La limosna es la manera de manifestar una actitud de verdadera humanidad. Si nos damos a los demás porque los consideramos como algo de nosotros mismos, cualquier signo de esa actitud nos humanizará.

 

Fray Marcos

 

 

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