Fe Adulta

15 febrero

Avatar de Inma Calvo

Jueves después de ceniza (Lc 9,22-25)

Dijo Jesús: El Hijo de hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día. Decía: Si alguno quiere venir conmigo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que la pierda por mí la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se arruina a sí mismo?

Trabajar para el falso yo no nos lleva a ninguna parte

El anuncio de la cruz va siempre acompañado de la incomprensión de los discípulos. A todos nos pasa lo mismo porque estamos enfrascados en el falso yo.

Es muy difícil comprender que hay algo que valga más que la vida y el placer. Jesús no tuvo ningún éxito en su empeño por convencer a sus discípulos. Solo la experiencia pascual les permitió comprenderlo.

Ir en pos de Jesús no es dejar la barca y seguirle por los caminos de Galilea; implica descubrir nuestro profundo ser como él lo descubrió y vivir esa realidad como él.

Salvar y perder no se refiere a la misma vida sino a una vida puramente animal o a la verdadera Vida que supone crecer en humanidad y superar el egoísmo individualista.

La vida biológica por segura que la creamos, termina perdiéndose. No tiene sentido programar la existencia de un ser humano para terminar convertido en estiércol.

La Vida a la que estamos llamados es la misma Vida de Dios que ya está en cada uno de nosotros y que ya conecta con lo definitivo. En ella estoy ya en eternidad.

Estamos en tiempo de reflexión. Debo dilucidar cuál es el camino para dar sentido trascendente a mi existencia. No se trata de renunciar a nada sino de elegir lo mejor.

 

Fray Marcos

 

 

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