Fe Adulta

16 febrero

Avatar de Inma Calvo

Viernes después de ceniza (Mt 9,14-15)

Los discípulos de Juan preguntan a Jesús: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo y entonces ayunarán.

Nunca puede estar Dios en contra de nuestra alegría

Jesús era una persona alegre y comunicaba alegría a los suyos. Una de las pocas alegrías de aquella época era el comer. Recordad: los tiempos mesiánicos se imaginaban como un banquete en el que no faltaría de nada.

Está claro que Jesús se dejó invitar por los ricos a banquetes y celebraciones. También se nos dice que él mismo promovió innumerables comidas con los que tenían menos que él. En torno a él todo era una fiesta.

También está claro que nunca se dejó engañar por la satisfacción de los sentidos. Disfrutaba comiendo cuando la comida llevaba consigo el compartir y la alegría de los demás, pero tenía claro que no estaba aquí para comer.

Los evangelios dejan entrever los momentos difíciles que estaban viviendo las primeras comunidades; acosadas por todas partes, vivieron en constante zozobra.

Si hubieran puesto toda la felicidad en el placer, los momentos de sufrimiento hubieran sido insoportables. Como su confianza estaba en otra parte, fueron capaces de sobrevivir a las catástrofes más demoledoras.

Hacemos bien en disfrutar de una buena comida con los amigos o la familia, pero teniendo claro que la plenitud está en otra parte. Hoy tenemos mayor peligro que en tiempo de Jesús de caer en el hedonismo envolvente.

 

Fray Marcos

 

 

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