Lunes 1ª semana cuaresma (Mt 25,31-46)
Cuando venga en su gloria el Hijo de hombre, separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Dirá a los de su derecha: Venid vosotros, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber…Le contestarán: ¿cuándo hemos hecho eso contigo? Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis. Y dirá a los de su izquierda: Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno, porque tuve hambre y no me disteis de comer…
Texto mítico que no podemos tomar al pie de la letra
Ya en los evangelios encontramos el afán de moralizar el mensaje: debes portarte bien con los demás para que Dios se porte bien contigo. ¿Qué Dios sería ese? Es el Dios que nos hemos inventado para nuestra tranquilidad.
Dios no puede tomar represalias porque te portas mal ni puede premiarte al portarte bien. Debemos abandonar la idea del Dios antropomórfico que hace lo que nosotros haríamos. El amor incondicional de Dios es lo primero.
La enseñanza está en otra parte. Nos está diciendo que si quieres encontrarte con Dios, el único camino es el otro. Nuestra sincera actitud con Dios solo se manifiesta en nuestra actitud con el otro. Lo demás es engaño.
Nuestra relación con Dios no se puede fundamentar en un ‘toma y daca’. Dios no es un objeto con el que puedo interactuar. No tiene sentido pensar en una reciprocidad. Debo descubrirlo identificado conmigo y con el otro.
El hacer el bien por programación, o para que me lo paguen, es la trampa que desbarata nuestra vida espiritual. Debes hacer el bien porque te sale de dentro, una vez descubierta que esa es la exigencia de tu ser.
Fray Marcos
