Miércoles 2ª semana cuaresma (Mt 20,17-28)
Se acercó a Jesús la madre de los Zebedeo y le pidió: Ordena que mis hijos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. No sabéis lo que pedís. ¿Estáis dispuestos a beber el cáliz que yo he de beber? Sí. El puesto a mi derecha o a mi izquierda está ya reservado. Los otros diez se indignaron. Jesús les dijo: los jefes de los pueblos los tiranizan. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero sea vuestro esclavo.
Los discípulos tampoco entendieron
Jesús habla de su entrega y los dos hermanos hablan de su propia gloria. El contraste no puede ser mayor. El relato evangélico no tiene vuelta de hoja. No hay manera de entenderlo a medias o tergiversarlo, está clarísimo.
El texto da por supuesto que los discípulos seguían esperando que Jesús instaurara un reino terreno. Esto nos muestra que el primer seguimiento fue muy ambiguo. Siguieron a Jesús sin enterarse de lo que significaba.
Este episodio indica lo duros de mollera que eran todos aquellos que le seguían más de cerca. Ni Pedro quiere hablar de pasión y muerte ni los demás aceptan el servicio. Todos se incorporan al grupo para medrar.
Beber la copa es una expresión semítica que indica pasar por una prueba extrema. Están dispuestos a todo pero con el objetivo de conseguir más que los demás. No saben de qué están hablando cuando imaginan un reino.
Definitiva enseñanza de Jesús para los primeros seguidores. El poder y el dominio quedan excluidos de la nueva comunidad. La única grandeza en el nuevo Reino será la de mayor entrega, y el servicio total será la meta.
Fray Marcos
