Viernes de pascua (Jn 21,1-14)
Dijo Pedro: Me voy a pescar. Vamos contigo. Aquella noche no cogieron nada. Amaneciendo, Jesús se presentó en la orilla y dice: ¿tenéis pescado? No. Echad la red a la derecha y hallaréis. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla. Juan le dice a Pedro: Es el Señor. Simón Pedro se ató la túnica y se echó al agua. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado encima y pan. Traed los peces que cogisteis. Ninguno preguntó quién era. Jesús toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Como siempre en Jn, todo son símbolos
Esta vez Jesús se hace presente al aire libre, es decir, en medio de la actividad de la comunidad. El encargo de la misión no les había apartado de sus quehaceres diarios. Jesús no forma parte de las actividades de la comunidad.
No se habla de doce sino de siete. No representan a Israel sino a la humanidad entera (el siete es el número que indica plenitud). Era también el número de las naciones. Han tomado conciencia de la misión.
En la noche no cogieron nada, aunque era el tiempo en que se realizan las labores de pesca. Pero la presencia de Jesús, que coincide con la primera luz del día, cambia las cosas. Siguiendo su indicación, la tarea fue un éxito.
Solo el discípulo amado reconoce a Jesús. El único camino hacia la experiencia pascual es el amor. Pedro no le reconoce, pero cuando se da cuenta, sobreactúa tirándose al mar, sin esperar a que la barca toque tierra.
Les ofrece dos clases de alimentos: el que Jesús había preparado y el fruto de su propio trabajo. Símbolo de la eucaristía en la que Jesús se da y espera que todos nosotros aprendamos a darnos.
Fray Marcos
