Fe Adulta

11 abril

Jueves 2ª semana de pascua (Jn 3,31-36)

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra habla de la tierra. El que viene del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído y nadie acepta su testimonio. El que lo acepta certifica que Dios es veraz. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida.

Solo Jesús viene del cielo y es definitivo

Termina el capítulo con unas conclusiones demoledoras. Ni Moisés ni los profetas ni el Bautista tienen la última palabra. Todos fueron anuncio y preparación del Mesías. La trampa consiste en haberlos considerado la meta.

Los que habían sido instrumentos para descubrir al Mesías se han convertido en el mayor obstáculo para aceptarlo. Jesús propone a los judíos salir de esa trampa.

Dios no puede dar el Espíritu con medida porque no se puede dividir. Dios-Vida se da Él mismo a todos y se da toralmente. La Vida-Espíritu está al alcance de todos.

El que se adhiere al Hijo se adhiere a la Vida y la posee en plenitud, porque es esa Vida. Todos los sucedáneos han caudado y es ridículo seguir agarrados a ellos.

La nueva comunidad estará constituida por hombres nuevos que rompen con el pasado para vivir la novedad de Jesús. Los que se niegan a romper con el pasado, revelan una perversión que les impide alcanzar plenitud.

La plenitud de Vida no se consigue por la fidelidad a la Ley sino por el amor que manifieste su verdadero ser. El resultado inmediato será el don de sí mismos hasta las últimas consecuencias, como ha manifestado Jesús.

 

Fray Marcos

 

 

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