Viernes 3ª semana de pascua (Jn 6,52-59)
¿Cómo puede darnos a comer su carne? Si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre, no tenéis Vida. El que me come y bebe tiene Vida. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Él Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que baja del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá siempre.
La profundidad del mensaje desconcierta a todos
Entendido de una manera materialista, como lo entendieron ellos y lo seguimos entendiendo nosotros, no tiene ningún sentido. Comer la carne y beber la sangre de otro era repugnante para todo judío de aquella época.
Tampoco los discípulos hubieran entendido este discurso dicho por Jesús durante su vida. Se está trasmitiendo aquí una cristología de la comunidad de Jn, 70 años después.
Por activa y por pasiva insiste Jesús en que es imprescindible comer su carne y beber su sangre, pero no es fácil comprender a qué se refiere con este lenguaje.
La importancia de lo que acaba de decir se descubre al comprobar que ante el rechazo no cede un milímetro sino que remacha lo dicho, añadiendo lo de beber su sangre.
La sangre para aquella cultura era la vida, no signo de vida como para nosotros. Beber la sangre quería decir que te apropiabas de la vida del ser sangrado. Eso es lo que quiere decir Jesús, tenéis que hacer vuestra mi propia Vida.
Lo que él hace con la Vida del Padre es la expresión de lo que acabo de decir. Jesús vive la misma Vida de Dios y nosotros vivimos la Vida de Jesús, que es la de Dios.
Fray Marcos
