Fe Adulta

2 mayo

Jueves 5ª semana de pascua (Jn 15,9-11)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los manda-mientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Permanecemos en su amor cuando amamos

Dios manifiesta su amor a Jesús identificándolo con Él. Jesús es consciente de esa unión y lo manifiesta en su obrar con los demás. Todos deben entrar en ese ámbito.

Otra vez insiste en el amor manifestado en obras. Un amor que no se manifieste es un engaño. Jesús se pone como ejemplo de amor a Dios por su manera de obrar.

No es suficiente un cumplimiento estricto de la norma. Se requiere interiorizar la norma para que las obras no sean frutos de una programación sino consecuencia de una vivencia interior que te empuja a la acción espontánea.

El mandamiento del amor no se puede considerar como una carga sino como una expresión de nuestro auténtico ser que se manifiesta en el don absoluto a los demás.

Seguir a Jesús no puede ser motivo de resentimiento por tener que hacer algo que no me agrada. Al contrario, tiene que ser motivo de una auténtica alegría.

Es completamente antievangélica la idea de que Dios está encantado con nuestro sufrimiento. Esto que tantas veces se nos ha predicado es totalmente absurdo.

La plenitud de la alegría llegará cuando conectemos con lo más profundo de nuestro ser, que es precisamente la manifestación de lo divino en cada uno de nosotros.

 

Fray Marcos

 

 

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