DOMINGO VI DE PASCUA (B)
(Jn 15,9-17)
Como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que pone su vida a disposición del amigo. No me habéis elegido vosotros. Os he elegido yo.
Lo más humano de los humanos es el amor
El amor es a la vez la esencia del mensaje cristiano y la realidad que nos hace humanos. Es el mandamiento nuevo por contraposición a la Ley que es el antiguo. Tan nuevo es que aún hoy está por estrenar.
Jn emplea la palabra “ágape” que, de las siete palabras que emplearon los primeros cristianos para hablar de amor, es la que expresa el más alto grado del mismo.
Ese amor solo se puede dar en Dios porque excluye toda mezcla de interés personal. Sería la capacidad de integrar en la unidad total todo lo que no es Dios.
Dios no es un ser que ama sino el amor en sí. En Dios el amor no es una cualidad sino su esencia. No puede dejar de amar. No puede hacer muestras de amor porque ama siempre y a todos de la misma manera.
Se nos pide lo imposible, que despleguemos en nosotros lo que es Dios. Pero teniendo muy claro que eso que es Dios ya está en nosotros. Por eso dice el mismo Jn: el amor no consiste en que nosotros amemos a Dios sino en que Él nos amó. Descubrirlo es la base de todo.
Fray Marcos
