Viernes 6ª semana de pascua (Jn 16,20-23)
Lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. Vosotros sentiréis tristeza; pero volveré y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría.
Dejar de verle = tristeza. Volver a verle = alegría
La muerte de Jesús fue un triunfo aparente para los dirigentes judíos y una catástrofe para sus seguidores. El tiempo les hará ver que la realidad es muy distinta.
La muerte por amor de Jesús fue el mayor triunfo que puede alcanzar un ser humano. No estaban preparados para verlo, pero la experiencia pascual les convenció.
Pone todo el énfasis en el hundimiento de los discípulos para poder así ponderar la increíble alegría de descubrir la vida. El dolor en el parto es el sumun de todo dolor.
La imagen tiene un simbolismo más profundo. Nos lanza al nacimiento del hombre nuevo, fruto de la creación que Jesús lleva a cabo a través de todo el evangelio de Jn.
A través del don total de sí mismo, llega el hombre a manifestar su condición de hijo. Jesús vuelve a ellos pero desde dentro de cada uno y sin posibles dudas.
La alegría que nace de dentro no puede arrebatarla nadie. Viviendo lo que vivió Jesús harán suya la Vida de Dios que les llevará a descubrir su verdadera plenitud.
Las preguntas a través del discurso indicaban una falta de comprensión. Con la vivencia interior las preguntas quedan contestadas, las dudas desaparecerán.
Fray Marcos
