Fe Adulta

19 mayo

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

(Jn 20,19-23)

Estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Sopló sobre ellos y dijo: Recibid el Espíritu Santo.

El aliento de Jesús les comunica el Espíritu

Solo en los Hechos de los apóstoles se hace referencia a Pentecostés. Es un hecho que pertenece a la vida de la comunidad, no a la de Jesús. Se trata de una vivencia.

Ni estamos celebrando una fiesta del Espíritu Santo ni recordando un acontecimiento físico que pudieran ver. Las distintas promesas y venidas del Espíritu que se narran, indican que no tiene que venir de alguna parte.

Estamos ante la expresión más completa de experiencia pascual. Los seguidores de Jesús saben que todo lo que estaba pasando dentro de ellos era obra del Espíritu. No vino a ellos sino que se dejaron empapar de él.

El Espíritu no es un privilegio de algunos. Todos tenemos como fundamento de nuestro ser el Espíritu aunque no seamos conscientes de ello. Dios no tiene nada que dar, simplemente se da él mismo y en ese don está todo don.

El Espíritu es la energía que lucha contra las fuerzas desintegradoras de la persona y de la comunidad: demonios, pecado, Ley, teologías, intereses, miedos.

Para repetir lo aprendido no necesitábamos el Espíritu. Se nos ha dado para que vivamos lo indecible y tratemos de traducir esa experiencia al lenguaje de hoy.

 

Fray Marcos

 

 

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