Jueves de la 7ª semana (Mc 9,41-49)
El que os dé a beber un vaso de agua porque me seguís, no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela. Más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al fuego que no se apaga. Si tu ojo te hace caer, sácatelo. Buena es la sal, pero si se vuelve sosa ¿con qué la salarán? Repartíos la sal y vivir en paz unos con otros.
Advertencia muy seria a la que no hacemos caso
No solo el que libera en su nombre, aunque no sea del grupo, está colaborando y hay que agradecérselo sino el más mínimo signo de colaboración será recompensado.
¡Ojo! Recompensar no quiere decir que serás premiado por lo que has hecho sino que todo servicio al otro es ya un premio porque ha hecho más humano al que lo hace.
De la misma manera, aquel que sea causa de la deshumanización del que no cuenta para nada, está hundiéndose en el deterioro de su propia persona.
Ningún mal es peor para el hombre que deshacerse como tal. Cualquier otro logro, por importante que pueda parecer, incluida la ceguera, debe posponerse ante la importancia de desplegar su humanidad.
Si te falta lo que te hace más humano, no habrá manera de suplir esa carencia con ningún otro valor. Esto no lo hemos tenido claro y nos hemos engañado con falsas fidelidades a Dios creyendo que eran lo importante.
La sal parece un bien simple, pero es muy importante para sazonar los alimentos. Todo aquello que me ayude a crecer en humanidad hay que valorarlo y compartirlo.
Fray Marcos
