Fe Adulta

6 junio

Sábado de la 9ª semana (Mc 12,38-44)

¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos. Recibirán una sentencia más severa. Sentado frente al cepillo, observaba a la gente que echaba dinero. Se acercó una viuda y echó dos céntimos. Dijo: Esa ha echado más que nadie. Todos echan de lo que les sobra, pero ésta ha echado todo lo que tenía para vivir.

Contraste: buscar honores y riqueza o anonadarse

El contraste entre los escribas y la viuda es radical. Jesús nos advierte que la manera de ver la realidad, desde el prestigio y la gloria no es la que Dios tiene.

Los letrados creen ser más por recibir honores externos y ponen en ellos toda su preocupación. Incluso utilizan a Dios para obligar a los demás a que les rindan pleitesía.

El comentario sobre la viuda tiene dinamita. No se trata de una alabanza piadosa sino de trastocar toda la escala de valores por la que nos movemos los mortales.

La ofrenda a Dios no se mide por el valor monetario sino por la actitud que demuestra el que la hace. Dios no necesita nada de nosotros para darse totalmente.

Creer que también Dios está en nuestra dinámica y valora la cantidad es desconocer su naturaleza y convertirle en un poder más que podemos manipular.

No son los ricos los que mantienen el verdadero culto de Dios en el templo sino los pobres que dejan de confiar en sí mismos y en el dinero y confían plenamente en Él.

En la medida que confiemos en lo externo, aunque sea en los ritos y ceremonias, desconfiamos de Dios.

 

Fray Marcos

 

 

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