Fe Adulta

13 septiembre

Avatar de Inma Calvo

DOMINGO XXIV TIEMPO ORDINARIO (B)

(Mc 8,27-35)

¿Quién dice la gente que soy yo? Unos, Juan Bautista; otros, Elías; otros, uno de los profetas. Y vosotros, ¿quién decís que soy? Pedro contestó: tú eres el Mesías. Les prohibió decírselo a nadie. El Hijo de hombre tiene que padecer mucho, ser ejecutado y resucitar. Pedro se puso a increparlo. ¡Quítate de mí vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios! El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

Si no sé quién soy yo no puedo saber quién es Jesús

No hay un tema más difícil y a la vez más urgente. Llevamos dos mil años intentado responder a esa pregunta sin haber encontrado la respuesta adecuada.

Se pone en boca de Pedro una confesión de fe, pero inmediatamente se nos dice que lo que él comprendía estaba muy lejos de la realidad del verdadero Jesús.

La doble pregunta da a entender que se espera una respuesta distinta de la gente y de los discípulos. Mientras vivía Jesús, ni unos ni otros entendieron nada.

Ni Pedro ni nosotros hoy podemos comprender que en la humillación y en la muerte debemos descubrir la esencia de Jesús. La razón no puede aceptar tal contrasentido.

Pensar en un Jesús victorioso es la única manera humana de entenderlo, pero no es la manera de entender de Dios. Jesús tiene que rechazar esa visión.

La propuesta de Satanás en el desierto está mucho más de acuerdo con nuestra manera de pensar que la machacona insistencia de Jesús en el servicio. Si Jesús la rechazó es porque fue capaz de pensar como Dios.

 

Fray Marcos

 

 

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