Fe Adulta

29 septiembre

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Martes de la 26ª semana (Lc 9,51-56)

Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén y envió mensajeros por delante. Entraron en una aldea de Samaria, pero no lo recibieron, porque iba a Jerusalén. Santiago y Juan, dijeron: ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos? Él les regañó y dijo: no sabéis de qué espíritu sois. Porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos. Y se marcharon a otra aldea.

Jesús no va a destruir sino a inmolarse

La decisión de ir a Jerusalén no es cuestión geográfica sino teológica. Allí se consumará el éxodo definitivo que traerá la verdadera liberación de la esclavitud.

Los seguidores eran ya un grupo considerable y debía prevenir alojamiento y comida para todos. El desprecio de los judíos a los samaritanos era correspondido con la misma actitud y no desperdiciaban ocasión de mostrarlo.

También los samaritanos pensaban en un mesianismo nacionalista que no podían aceptar. Pero Jesús iba a Jerusalén a liberar a unos y a otros. Si los mensajeros hubieran reflejado otro Jesús, les hubieran aceptado.

Una cosa era seguir a Jesús como jefe y maestro y otra muy distinta hacer suyo su espíritu. Ni se habían enterado ni se enterarían hasta la experiencia pascual.

Durante veinte siglos no hemos hecho más que juzgar y condenar a los demás, bajo pretexto de ser fieles a Dios. Ya va siendo hora de hacer nuestro el espíritu de Jesús e ir por el mundo salvando y no condenando.

Es curioso que el verbo que utiliza para decir ‘les regañó’, es el mismo que emplea para increpar a los demonios. Santiago y Juan estaban poseídos por el mal espíritu nacionalista, que les impedía la tolerancia.

 

Fray Marcos

 

 

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