Fe Adulta

Una luz en el camino

Ahora que no hay novedad en nuestra vida
ni en los caminos de la historia,
ni en nuestra memoria personal y colectiva,
es tiempo de reflexionar y ahondar
en todo lo que llevamos a cuestas,
y en las zonas yermas del mundo
y de las entrañas nuestras.

Ahora que no hay novedad en nuestra vida

ni en los caminos de la historia,

ni en nuestra memoria personal y colectiva,

es tiempo de reflexionar y ahondar

en todo lo que llevamos a cuestas,

y en las zonas yermas del mundo

y de las entrañas nuestras.

Ahora que tu palabra rompe nuestros planes

y el horizonte se nos nubla y cierra,

y en los caminos se mezclan tantas huellas,

es tiempo de hacer silencio,

de olvidar los tristes sentimientos

y acoger tu insólita propuesta

de subir contigo a la montaña.

Y una vez en el monte,

dejar que se enciendan

esas luces que nunca engañan

y que transforman la vida con solo presentirlas:

la luz, el fuego, los profetas,

la palabra, la brisa, la nube de gloria,

y la cercanía de Dios en tu carne humana.

Y después, bajar de nuevo a las sendas

para andar a ras de tierra

y convivir con tanta vida rota

que necesita compañía y misericordia;

y así, llevar en las entrañas

la experiencia de tu amistad y gloria

aunque el horizonte siga a oscuras.

Porque en esta historia Tú siempre estás

rondando nuestra espera

o esperando nuestra llegada

a las zonas marginadas de la vida y de la historia.

¡Qué gran horizonte y tarea, para no aburrirnos

y recrearnos en esta época triste y oscura.

¡Vamos a encontrarnos, Señor, en esta tierra!

Florentino Ulibarri

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