Fe Adulta

26 noviembre

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Jueves de la 34ª semana (Lc 21,20-28)

Los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Habrá un castigo para este pueblo. Jerusalén será pisoteada. Habrá signos en el sol, luna y estrellas. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo ante lo que se les viene encima. Verán al Hijo de hombre venir en una nube, con poder. Entonces, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Ninguna estrategia defensiva podrá funcionar

Ahora el anuncio de calamidades se dirige al pueblo judío en general. El régimen opresor, tanto civil como religioso, será borrado del mapa para dar paso a otra manera de relacionarse con Dios y con los demás.

El texto da a entender que la destrucción del templo y la ciudad será consecuencia del rechazo de Jesús por parte de las autoridades religiosas. Por supuesto esto no es más que una interpretación de los primeros cristianos.

La inclusión de desastres puramente naturales es consecuencia de haber asumido el lenguaje apocalíptico, acomodándolo a la nueva visión del futuro.

Sus seguidores, que han sido la causa de esta ruina por no ser cómplices de la injusticia, no tienen nada que temer. Pues la ruina del orden injusto se convierte en liberación para ellos y para los que vengan después.

Los acontecimientos adversos, que se estaban viviendo cuando se escribió el evangelio, eran interpretados como el resultado de un plan de Dios para salvarles.

Hoy sabemos que Dios no dirige la historia ni toma represalias contra nadie. Pero debemos aprender de aquellos cristianos a mirar la historia con perspectiva.

 

Fray Marcos

 

 

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