
Seguramente, nos falta amor en el mundo actual y no sabemos llegar al corazón del hombre y la mujer de hoy. Hemos de aprender a escuchar más, acoger, curar la vida de los que sufren. Acoger a las personas, guardar esa experiencia fielmente en el corazón, mantenerla en medio de los conflictos y contagiarla a los demás exige el esfuerzo apasionante pero no fácil de unificar y enraizar la vida en Dios.
