Fe Adulta

Cantemos a nuestro Dios

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Aquí sí que podemos descubrir un montón de detalles. En principio, es la comunidad la que canta manifestando su fe. Por eso lo importante es que cante la comunidad. Puede resultar muy llamativo el coro, pero no se trata de dar un concierto, sino de que sea el pueblo el que cante, que todas las personas participen, aunque no resulte tan bonito.

Cierto que exige un ensayo para aprender canciones nuevas y para que cantemos todos los feligreses. Pero que nunca absorba un coro la voz cantante mientras los demás escuchamos en silencio.

Es necesario que vayamos descubriendo nuevas canciones para no repetir las mismas siempre. Y así resulta que el pueblo solo canta cuando se trata de las canciones de antaño.

Sin duda que es necesario contar cada cristiano con un cantoral para poder seguir las canciones. Y que cada canto responda a lo que las lecturas nos dicen.

Es cierto que resulta maravilloso cuando hay solistas que cantan como un profesional. Pero eso es muy bueno para un concierto y no es lo esencial para una celebración.

Desde aquí se ve claro que es preciso el que exista un animador litúrgico y un pequeño coro pero para animar, no para suplir al pueblo

No conviene llenar la celebración de canciones, sino las que se vean necesarias para animar los ritos.

Necesitamos revisar las canciones que cantamos en las celebraciones. Unas porque lo que dicen no se puede mezclar con la liturgia. Otras porque el contenido está ajeno al mensaje de fe de los ritos. Y cuidado con esas canciones que canta unido el pueblo pero que dicen cosas muy sentimentales y no aptas al evangelio (“perdona tu pueblo, Señor…”).

No olvidemos que cantar puede ser una forma estupenda de orar.

 

Gerardo Villar

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