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1-Una vez más, las mujeres católicas nos sentimos profundamente decepcionadas con las decisiones de la Iglesia, por seguir manteniendo muros que nos impiden el acceso a los ministerios ordenados, en concreto al diaconado, pese a su secular existencia histórica. Una memoria y tradición, la del diaconado, que se ha desarrollado de manera desigual y con especificidades locales propias.
2- En el marco de una Iglesia comprometida con la sinodalidad, la negación del diaconado femenino nos parece una contradicción intrínseca, porque nuevamente desde la jerarquía se pretende generar procesos de cambio eclesial sin nosotras, las mujeres. Se marginan así nuestros dones, aspiraciones y deseos más hondos de servicio al Evangelio y se olvida, de nuevo, que la participación en la Iglesia no es una cuestión utilitarista, ni una jerarquía de consagrados-subalternas, sino una diversidad de ministerios eclesiales que reconoce y otorga la comunidad cristiana a quien posee los dones que Dios le ha dado.
3- En este sentido, constatamos que las propuestas sobre la participación en igualdad que han llegado al Sínodo de la Sinodalidad han sido miles, visibilizando que en los lugares más olvidados del mundo, incluso por la propia Iglesia, las comunidades cristianas se mantienen vivas gracias al Espíritu y a la tarea diaconal no reconocida de muchas mujeres en sus comunidades.
4- Creemos que la resistencia al diaconado femenino, entendido dentro del orden sacerdotal, así como la negativa a su reconocimiento y puesta en marcha, es una decisión fruto del miedo a la pérdida del privilegio masculino, y no fruto de la audacia evangélica y el reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres instaurada por Jesús de Nazaret.
5- Consideramos que argumentar la exclusión del diaconado en la masculinidad de Cristo pone en riesgo la teología del Concilio Vaticano II que ratifica la igual dignidad de las mujeres y los hombres, negando el reconocimiento de las mujeres como imagen de Cristo, y haciéndola exclusiva de los varones. Esta argumentación, basada en la diferencia sexual que nos constituye como seres humanos, apunta peligrosamente a que las mujeres no somos salvadas de la misma manera que los varones, pues no somos imagen de Cristo (en su naturaleza humana). Desde una perspectiva teológica y salvífica, esta afirmación es de una gravedad enorme pues impide la plena cristificación de las mujeres. Se trata -además- de una argumentación poco convincente incluso para la propia comisión de estudio, en la que cinco de diez miembros votaron en contra y otros cinco a favor.
6-El documento final es un reflejo de los miedos y tensiones internas que la cuestión de las mujeres sigue provocando a la Iglesia. Lo que para algunos es una peligrosa confusión antropológica que alinea a la Iglesia con el espíritu de los tiempos, para otros y otras, es lo que miles de mujeres católicas reclamamos hoy a la Iglesia: escuchar los signos de los tiempos, entre ellos -sin duda- el clamor por la igualdad y la justicia de género, frente a toda forma de poder y violencia contra las mujeres y actuar en consecuencia tras siglos de discriminación y subordinación.
7- Creemos, en definitiva, que se trata de un documento tremendamente ambiguo que aplaza la cuestión de la ordenación de las mujeres como diáconas/diaconisas, quedando abierta a una mayor exploración teológica y pastoral y remitiendo la decisión final al magisterio. A cambio se favorece una mirada segregada, benévola y paternalista, hacia nosotras, las mujeres, con el reconocimiento de nuestra diaconía bautismal y adjudicándonos una mal entendida dimensión mariana de la sumisión y la complementariedad, justificada con un lenguaje ambiguo que anima a “ampliar los espacios comunitarios y de participación y corresponsabilidad a las mujeres”. Somos conscientes de que con ello se pretende contentarnos con un rol de creyentes “complementarias” y secundarias. Así ha sido desde hace siglos y lo sigue siendo.
Pese a todo ello, como Revuelta de Mujeres en la Iglesia de Madrid, nos sentimos tercamente esperanzadas y llenas del Espíritu, santo y transformador, porque la esperanza en el Evangelio no defrauda, porque sabemos de quién nos hemos fiado…porque la Iglesia siempre necesita voces proféticas en su falibilidad histórica. Esta es nuestra labor como Hijas de Dios e hijas de la Iglesia e invitamos a que otras y otros creyentes se sigan sumando a esta labor, ciertamente imprescindible.
Hasta que la Igualdad sea costumbre!!
Revuelta de Mujeres en la Iglesia – Alcem la Veu
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