Fe Adulta

Todos se admiraban

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Aunque hayamos leído muchas veces un pasaje del evangelio, volver a leerlo desde otro ángulo puede ayudarnos a alimentar nuestra espiritualidad cristiana.

Los de la infancia del evangelio de Lucas no pretenden ser relatos meramente históricos, sino que son, sobre todo, mapas espirituales. Por eso habrá que leerlos más desde la espiritualidad que desde la historia. Dice el pasaje que hemos leído que TODOS SE ADMIRABAN de lo que decían los pastores. Detrás del nacimiento de un niño pobre, como tantos de la época, había una promesa de algo distinto.

Admirarse es imprescindible para una fe viva. La admiración nos hace escapar de la rutina y del adormecimiento que acecha al creyente de siempre. Hay cristianos que se han instalado en la rutina y no solamente no quieren ser sacados de ahí, sino que, si se intenta, reaccionan agriamente. Así se llega al punto de hoy donde, en la Iglesia, se presenta lo rutinario como lo moderno. Cambiar, adaptarse, encontrar sendas nuevas es algo “antiguo”. El inmovilismo es la opción y los cambios que se proponen dejan todo como está.

¿Cómo mantener viva la admiración en la vivencia de la fe?

· Admírate de que la fe siga viva: porque no deja de ser un milagro que, tras tantas rutinas, cansancios y abandonos, aún siga brillando ante nosotros el rostro hermoso de Jesús.

· Admírate de que se nos llame al seguimiento de Jesús: y, sobre todo, admírate de que haya personas que sigan a Jesús con entusiasmo. Quizá tu mismo/a. En un contexto de prisa y ruido, hay personas que continúan creyendo con vigor.

· Admírate de que brote la compasión: por que más allá de los múltiples daños que nos hacemos, la compasión sigue teniendo tirón y muchas personas son generosas en tiempo dado a los demás, que es lo que más nos cuesta.

Iniciamos un año nuevo. Tiempo de buenos deseos y de propósitos. Quizá no lleguen a cumplirse, pero el primer paso es hacerlos con buena voluntad. Si mantenemos viva la ilusión y la admiración, si no perdemos el brillo de los ojos, si mantenemos vivo el niño/a que llevamos dentro podremos hacer un lugar a la admiración y con ella a una fe más viva. Ojalá seamos nosotros uno de los que se admiran de lo que se dice de Jesús.

Y la admiración se concreta cuando se habla de la paz. Decía con toda razón san Francisco a sus hermanos: “Que la paz que predicáis habite primero en vuestros corazones”. Pon a tu admiración por Jesús una colaboración, por pequeña que sea, a la paz y esa admiración será útil. Si te inhibes creyendo que los problemas de la paz, la violencia cercana y la guerra lejana, no van contigo, la admiración se desinflará como un globo pinchado. Buen año de admiración, bondad y compasión.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

1 de enero de 2026

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