Por las dos partes. En principio es preciso que los animadores de la fe cristiana, pongamos al día nuestra creencia. Es necesario que la nueva teología no se quede simplemente en las cátedras de la universidad y en las altas publicaciones. Necesitamos que los educadores en la fe, que los presbíteros y los catequistas pongamos al día nuestra formación. Yo escucho muchas predicaciones, charlas, catequesis. Y me quedo admirado porque veo que los educadores seguimos en una formación muy tradicional. No hay apenas avances. Seguimos como hace muchos años.
En primer lugar, la inmensa parte de los que acuden al templo, no tienen excesivo interés por formarse. Siguen rutinariamente como siempre. Voy oyendo varias predicaciones que no explican de una forma profunda las lecturas de la Palabra. Cuando más se anuncia el Evangelio, suele ser en los funerales. Y ahí se nota que las personas en su mayoría están ajenas al Mensaje, porque no responde casi nadie a las lecturas, oraciones o cantos.
Es urgente que además de las eucaristías de los domingos, tengamos grupos de formación en las comunidades parroquiales. Y hay muy pocos grupos. Y nos quedamos en lo ritual, lo obligatorio. Tenemos el fenómeno de pocos curas y con bastantes parroquias. Bastante hacen con celebrar y no todos los domingos. Es urgente que preparemos grupos de seglares para trabajar entre semana el conocimiento y la profundidad del evangelio Algo parecido es preciso hacerlo con las canciones, lecturas, ritos… Es importante transformarse en comunidades vivas, profundas, con una fe viva y comprometida.
Hay autores y materiales muy interesantes que nos pueden ayudar, entre los cuales hay teólogos y teólogas que a veces no son muy aceptados por la jerarquía. Yo me atrevo a decir que hay materiales esenciales que, para mí, son de gran ayuda en los grupos y que nos llevan a una vida cristiana, a unas celebraciones más vivas. Año nuevo: que no sea un pasar fiesta tras fiesta sino que construyamos unas comunidades vivas desde el evangelio profundizado y trabajado en grupo.
Gerardo Villar
