Entró de nuevo en Cafarnaún y, pasados unos días, se supo que estaba en casa. Se congregaron tantos que no se cabía ni a la puerta, y él les exponía el mensaje.
Llegaron llevándole un paralítico transportado entre cuatro. Como no podían acercárselo por causa de la multitud, levantaron el techo del lugar donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico…
1 Entró de nuevo en Cafarnaún y, pasados unos días, se supo que estaba en casa. 2 Se congregaron tantos que no se cabía ni a la puerta, y él les exponía el mensaje.
3 Llegaron llevándole un paralítico transportado entre cuatro. 4 Como no podían acercárselo por causa de la multitud, levantaron el techo del lugar donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.
5 Viendo Jesús la fe de ellos, le dice al paralítico:
– Hijo, se te perdonan tus pecados.
6 Pero estaban sentados allí algunos de los letrados y empezaron a razonar en su interior:
7 – ¿Cómo habla éste así? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios sólo?
8 Jesús, intuyendo cómo razonaban dentro de ellos, les dijo al momento:
– ¿Por qué razonáis así en vuestro interior? 9 ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico «se te perdonan tus pecados» o decirle «levántate, carga con tu camilla y echa a andar»? 10 Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados… [le dice al paralítico] 11 … A ti te digo: levántate, carga con tu camilla y márchate a tu casa.
12 Se levantó, cargó en seguida con la camilla y salió a la vista de todos. Todos se quedaron atónitos y alababan a Dios diciendo:
– Nunca hemos visto cosa igual.
