Fe Adulta

Cuando nos leemos en clave de plenitud

Domingo II de Cuaresma

1 de marzo

Mt 17, 1-9

Cuando nos reducimos al yo -al personaje, a nuestra forma histórica-, no podemos sino leernos en clave de carencia y, en consecuencia, habitamos la insatisfacción.

Sin embargo, si escuchamos nuestra voz interior, el Anhelo que habla en el silencio nos muestra que, más allá de esta forma, hay «algo» en nosotros irreductible y pleno.

No se trata de una creencia. Es resultado de la autoindagación, que luego se verifica por sus frutos en nuestro vivir cotidiano. Se experimenta que hay en nosotros algo invulnerable que, pase lo que pase, se halla siempre a salvo. Y se advierte la verdad del dicho: tú eres el cielo, todo lo que pasa son solo nubes.

No se niega ni se reprime nuestra forma limitada, carente, débil y sumamente vulnerable. Pero se acoge y se vive desde la plenitud que somos y que nos sostiene en todo momento.

Y es ahí justamente donde se produce el milagro de la fortaleza en la debilidad. Al aceptar la propia vulnerabilidad -de las mil formas en que puede sorprendernos-, al abrazarla y reconciliarnos con ella, experimentamos la voz interior que nos repite: «estás a salvo». Nuestro yo puede sentirse frustrado, roto y desgarrado de dolor. Pero es acogido, abrazado y sostenido por «eso» que no podemos nombrar adecuadamente, pero que podemos experimentar y vivir en cuanto acallamos la mente, bajamos las resistencias (defensas) mentales y, de manera consciente y lúcida, nos entregamos a lo que es.

 

Enrique Martínez Lozano

(Boletín semanal)

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