Fe Adulta

Caminando en la penumbra

Jn 9, 1-41

«Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís que veis vuestro pecado persiste»

Necesitamos luz para vivir, y los seguidores de Jesús siempre la han encontrado en él. Pero llegamos nosotros, gente sabia e ilustrada, y la luz que desprende el evangelio deja de tener el brillo que siempre tuvo porque nos fiamos más de nuestra razón que de nuestra fe. Y desde esta postura, si lo que dice la Palabra nos parece razonable, lo aceptamos; y si no, no. Si no afecta demasiado a nuestra vida o a los criterios que hoy reinan en el mundo, lo aceptamos; y si no, no…

Y esto supone un riesgo, y es caminar en la penumbra pensando que estamos caminando a plena luz del día. Juan nos dice en su prólogo solemne que «la Palabra es la luz verdadera que alumbra a todo hombre», pero nosotros no terminamos de creerle, y preferimos dejarnos alumbrar por otras luces que nos dan más confianza que la de aquel carpintero que ha iluminado la vida de tantas generaciones.

Y es que lo de Jesús tiene muy poco que ver con la lógica; con la sabiduría… y mucho con la fe. Para seguirle de verdad es necesario creer en él, creerle a él, creer en su luz por encima de otras luces. Pero hoy no está de moda creer; no está de moda fiarse de alguien hasta el punto de que esa fe nos condicione la vida. Pudo estar bien en otro tiempo, cuando la gente no tenía ni nuestra cultura ni nuestro conocimiento, pero a estas alturas de la historia tenemos criterio suficiente para cuestionar, y en su caso rechazar, lo que no vaya con nuestra idiosincrasia o nuestra forma de concebir la vida y el mundo.

Hoy tenemos una potente herramienta para que la luz de Jesús brille más clara; brille mejor para nosotros, y esa herramienta es la exégesis. Por eso no es extraño que presumamos de interpretar los textos evangélicos mejor que en cualquier tiempo pasado, pero a veces hacemos trampa y en realidad los interpretamos a la luz de nuestra cultura. Y esto significa que nos adueñamos de la Palabra para que diga lo que nos gustaría que dijese; que ponemos a Dios a nuestro servicio para reafirmarnos en nuestra luz… una luz que quizá sea sólo penumbra.

Afortunadamente tenemos una forma segura de saber si la luz que nos alumbra es de Jesús; los frutos. Quien camina a la luz de Jesús da buenos frutos: «Por sus frutos les conoceréis»… y por tanto no se trata de pensar bien, o conocer la exégesis más moderna, o elucubrar sobre modelos metafísicos cultísimos, o descalificar la fe de quienes no piensan como nosotros, o criticar los errores y pecados de quienes mandan en la Iglesia. No. De lo que se trata es de dar fruto.

Y si no lo doy, quizá me convendría plantearme algunas cuestiones que estoy dando por supuestas… ¿A qué luz me arrimo para caminar por la vida? ¿De quién me fío? ¿Quién me da más confianza? ¿Jesús, la razón, la gnosis?… pero sobre todo me tendré que plantear la pregunta clave: ¿Me estaré perdiendo la buena Noticia sin enterarme de que me la estoy perdiendo?

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

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