Fe Adulta

Escuchar el silencio de san josé

José fue un gran ejemplo para nosotros que vivimos en la sociedad del ruido que nos dificulta crecer desde el silencio. Su actitud de obediencia y escucha no están valoradas suficientemente cuando lo cierto es que supo interpretar su papel con una madurez envidiable, comenzando por aceptar las murmuraciones de aquella comunidad en la que todos se conocían, ante el embarazo de María antes de la ceremonia del casamiento. Su silencio es virtud de aceptación desde la fe, la prudencia y la humildad. Ahí es nada. Se habla mucho del fiat de María y mucho menos del fiat de José, “invitado” a una Gran Causa de manera aparentemente secundaria, y viviéndola a contracorriente.

Su maravilloso ejemplo radica en que antepuso la voluntad de Dios desde una fe que siente de una manera, pero sabe y se decide por otra mejor aun sin conocer ni gustar el camino que se le indica recorrer. Le basta saberse conducido por Dios. No se queja ni tampoco se rebela; no pide explicaciones ante la maraña de sensaciones negativas que le asaltarían antes de su “hágase”, de su fiat.

Tampoco pide compensaciones posteriores para sofocar su orgullo ni se arruga ante la grandeza de su vocación. El pone todo su empeño en servir a los designios de Dios y lo hace sin resistencias, sin ruido; tan es así que el Evangelio no recoge una sola palabra suya. José es un gran escuchador con el corazón abierto a la Llamada.

No pocos cristianos vemos en ese José silencioso a un pobre santo que no tiene nada que enseñar a los hombres y mujeres de hoy. La realidad es bien diferente, la que muestra las carencias que tenemos en la fe y en la confianza en Dios. A san José le otorgamos poca importancia ante la falta de signos más espectaculares cuando nos debería admirar su verdadera humildad, la que Jesús nos pide en épocas de tribulación, pero nos sentimos sin fuerzas ni ganas para transformar la existencia a la manera de Cristo. Al final, ahí está José desde su “pequeñez” ocupando por derecho un lugar privilegiadísimo en la Sagrada Familia pues, no lo olvidemos, Jesús no comenzó su vida pública hasta los treinta años, aproximadamente.

José nos recuerda que lo esencial no es parecer, sino ser; la primacía de la vida interior, de la contemplación como compañera inseparable de la acción para lograr una fecundidad verdadera. No sabemos cuando se produjo su muerte, pero en el tiempo que desempeñó su papel de padre de Jesús y esposo de María, seguro que pudo disfrutar de un marco familiar de crecimiento en el amor entre los tres.

Esa vida oculta en absoluto empobrecida, es un modelo que resalta ese “no hacer nada relevante”… que sin embargo es amar con intensidad en su círculo familiar sin ser noticia para sus contemporáneos. 

Escuchemos el silencio fecundo de San José para ahondar en el fondo espiritual que nos falta a muchos cristianos del Primer Mundo. Ese consejo de Jesús “vigilad y orad” no lo hemos tomado en serio porque nos faltan las fuerzas suficientes para capear los vaivenes de la vida cuando los resultados esperados no llegan; nos falta la fe y la confianza de san José, que podemos transformar en petición. Y esto sería una estupenda y oportuna oración. Ojalá que la reflexión sobre la grandeza humana y cristiana de este hombre santo dure al menos durante la semana del 19 de marzo.

ORACIÓN

Ayúdame, Señor, a hacer silencio por intercesión de San José.

Quiero escuchar tu voz y dejarme guiar en el tumulto de la vida.

Necesito, Señor, acallar mi interior para que hables Tú.

Aprender a escuchar tu voz para caminar por tus sendas.

Amén.

 

Gabriel Mª Otalora

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