Fe Adulta

Palabras de vida

DOMINGO DE RAMOS

Iniciamos una semana muy importante en la tradición cristiana, la semana en la que conmemoramos la pasión, la muerte y la resurrección del profeta de Nazaret. Muchos significados se agolpan estos días en nuestro ser creyente. Igual muchos significados se agolpan estos días en los dolores del mundo en que habitamos hoy. ¿Qué reflexionamos ahora? Me quiero referir a esos “ramos o palmas”, a los “Hosana al hijo de David”… con los que una multitud entusiasta recibe a Jesús en Jerusalén. El Maestro ha retrasado su viaje al centro del poder político y religioso, tal vez presiente lo que le va a pasar… Finalmente decide en esta ocasión ir a celebrar la Pascua, va con su grupo de amigos y seguidores y seguidoras.

Con este grupo se acerca a la ciudad. La multitud lo aclama, lo recibe con palmas y víctores… aparentemente lo reconoce como el Mesías esperado. Surge un clamor y pretenden coronarlo “rey”. Jesús se escabulle y busca caminar la ciudad de incognito, para celebrar algunos días después la fiesta de la Pascua, en la intimidad de su gente. Sus oídos no se dejan tentar por los cantos de sirena que le ofrecen salidas fáciles. Sabe que la llegada al núcleo del poder no es ni mucho menos inocua.

Viene de enfrentamientos con prácticas religiosas en las que priman las “formalidades” sobre la misericordia; las “leyes” sobre la acogida. Ha denunciado las hipocresías, la falta de amor hacia los otros, ha insistido en la preferencia y en la prioridad de los humildes y de los y las vulnerables. Ha denunciado a aquellos que colocan cargas pesadas sobre las espaldas de otros pero ellos no las llevan. Sabe que meterse en el centro de los poderosos es meterse “en la boca del lobo” por eso ha retrasado su venida, por eso se oculta a los ojos del público. No obstante las garras del poder llegan a él. Es perseguido, traicionado y llevado preso. Después de un juicio amañado y luego de ser torturado es expuesto ante la multitud…

Y entonces llega el segundo acto de lo que quiero plantear: Las mismas voces que tres días antes le gritaron sus víctores, hoy lo apabullan con sus gritos: “Crucifícale, crucifícale… no tenemos más rey que el Cesar”.

Los cantos de sirena se han convertido en voces de condena y horror. Este contraste nos llama a reflexionar: Vivimos hoy en la sociedad del espectáculo… ¿Podemos fiarnos de esas voces que nos llaman aquí y allá, que quieren seducirnos con hosanas, sabiendo que sin que pase nada el viento las llevará mañana a un mátalo que lo quite de en medio?

Las concentraciones multitudinarias, sean iglesias o no, las voces de micrófonos que atormentan el aire… no nos llevarán al centro ni de nosotras mismas ni del mensaje evangélico. Por ese camino no vamos hacia la verdad, sólo vamos al corazón de unas masas que son movidas por otros como veletas… El camino del Maestro de Galilea, el camino del amor al hermano, del compromiso con la VIDA, es otro. Es el camino silencioso de la contemplación, de la misericordia y la acogida… del volver a rumiar La Palabra.

En este inicio de la semana que llamamos “mayor” esa es mi invitación: Recorrer serenamente el camino de Jesús y acercarse al núcleo y a la verdad de sus palabras. Palabras que más allá de la muerte, nos mostrarán el camino de la verdad y la vida. Voces de sirenas hay muchas, Palabras de Vida hay muy poquitas.

Carmiña Navia Velasco

Fiesta de los ramos 2026

Comparte FeAdulta Facebook