Fe Adulta

Estáis en mí y yo en vosotr@s

COMENTARIO AL EVANGELIO Jn 14, 15-21

10 de mayo de 2026

Avanza el tiempo de Pascua y podemos percibir cómo nos vamos adentrando, con mayor profundidad, hacia el centro de nuestra existencia creyente. Así nos lo muestra el evangelio de este domingo y que merece la pena dejarse inspirar por él.

Ya sabemos que el evangelio de Juan no pretende narrar la vida de Jesús como una sucesión de acontecimientos biográficos. Este evangelio es una obra que toca los niveles más profundos de la existencia, desde una teología narrativa, para revelar el mismo fondo de Dios y el mismo fondo humano. Y, en el corazón de este evangelio, en la parte llamada el gran discurso de Jesús, aparece este texto como un respiro a la tensión que suponía el camino hacia la despedida histórica de Jesús.

Os planteo una invitación a soltar teologías, reflexiones ya sabidas, leídas, usadas, para que os sumerjáis en este texto y permitáis que vibre de una manera nueva.

Comienza el texto situando claramente de qué debe estar hecho el vínculo con Jesús, con Dios, con el Espíritu; parece ser que no va de dogmas, de sentencias, de indicaciones morales; resulta que va de un vínculo de Amor en reciprocidad y no de pasividad humana: “si me amáis … mi Padre amará al que me ama, y yo también le amaré…” Ahora bien, no se trata de un amor acaramelado y fantasioso, que consuele la ansiedad de nuestra existencia limitada sino un amor que es potencia creadora y que nos capacita para percibir lo que trasciende y va más allá de nuestro mundo físico.

Este amor es un amor activo, presente, que se puede sentir, intuir, conectar con él en el aquí y ahora, desde nuestra consciencia más profunda, la que nos hace SER a cada instante y conectar con nuestra esencia y dignidad verdadera porque “… vosotros estáis en mí y yo en vosotros…”.  Y es este el mayor signo de que no estamos huecos por dentro, que no somos una caja vacía que suena a cartón o madera. Sonamos a trascendencia, a infinitud, a abundancia, a eternidad “…viviréis porque yo vivo…”.

Jesús se refiere a un paráclito o defensor que nos va a enviar para que no sintamos que nuestra existencia ha sido abandonada. Todo lo contrario, desea que sintamos que hacemos pie en suelo firme y sostenidos por este dinamismo divino que está en la realidad humana. Este Dios que se revela en toda su fuerza como Trinidad, es decir, como poder creador, poder liberador y poder como presencia permanente. Es el Dios cristiano en estado puro.

Sorprendentemente dice que no todos lo van a percibir, aunque a todos lo va a enviar. Y esta es nuestra tarea como creyentes: no buscar el cumplimiento de una serie de prescripciones que tranquilicen nuestra conciencia moral, una repetición de discursos de lideres espirituales que nos bloquean nuestra capacidad de conectar con la Divinidad sin intermediarios. Ahí no le vamos a encontrar. Nuestra búsqueda estaría mejor orientada hacia la posibilidad de experimentar, con creatividad, la originalidad de nuestro vínculo con Dios. Quizá deberíamos atrevernos a independizarnos de discursos embaucadores que adormecen nuestro anhelo de infinitud y colgarnos a la audacia de disfrutar y encarnar lo que ya somos en autenticidad y sin filtros de fuera.

Pero este evangelio no nos deja en una tierra solitaria e intimista. Precisamente porque “los que son del mundo no lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen” tenemos una responsabilidad inalienable quienes decimos, proclamamos y testimoniamos, que hemos encontrado el sentido de la vida. ¿O quizá todavía no? Despertemos y hagamos del mundo un espacio donde podamos conocer “el Espíritu de la Verdad … porque él está con nosotros y permanecerá siempre en nosotros”.  Y TODO sería diferente, sin ninguna duda.

 

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

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