Fe Adulta

Hasta el final de los tiempos

Mt 28, 16-20

«Id pues y enseñad a todas las gentes … Yo estaré con vosotros siempre hasta el final de los tiempos»

Tanto en los cuatro evangelios como en el relato de Lucas en Hechos, aparece que las últimas palabras de Jesús “antes de volver al Padre” son para encomendar a sus seguidores la misión de llevar el evangelio a todo el mundo, lo que nos lleva a concluir que los cristianos somos fundamentalmente enviados por Jesús con su misma misión. Ésta es nuestra razón de ser como cristianos, lo que se espera de nosotros, y por ello nos hemos referido a menudo a la misión en este comentario. Pero hoy queremos centrarlo en las últimas palabras del texto que hemos leído en Mateo 28: «Yo estaré con vosotros siempre hasta el final de los tiempos»…

Tradicionalmente Jesús ha formado parte integrante de la vida de la gente. A lo largo de la historia se ha creado una cadena de infinidad de cristianos que han trasmitido de padres a hijos esa herencia de valor incalculable que mueve a compartir y perdonar; que humaniza y da sentido a la vida. Pero llegamos nosotros, y nosotros, gente ilustrada, preferimos nuestra sabiduría a la Palabra, es decir, a la sabiduría de Dios que Jesús nos ofrece. Y rompemos la cadena milenaria de transmisión de la Palabra y hurtamos a nuestros hijos, y a los hijos de nuestros hijos, el legado precioso del que nosotros hemos disfrutado; les privamos de los criterios que han dado sentido a nuestra vida y los dejamos a merced de los criterios del mundo.

¿Y por qué?… Pues quizá porque hemos renunciado a “adoctrinarles” para no vernos señalados por una sociedad que es implacable con quienes discrepan. Quizá porque nos hemos dejado arrastrar por la cultura imperante, es decir, porque no nos apetece nadar contracorriente y la corriente en contra nos arrastra. Quizá porque hemos relativizado la importancia de Jesús en nuestras vidas deslumbrados por otras sabidurías que nos han llegado de otras culturas. Quizá porque pensamos que ya somos maduros y no tenemos necesidad de los criterios de aquel carpintero crucificado hace veinte siglos…

Quizá simplemente por pereza… pero el hecho cierto, indudable, es que con nuestra actitud hemos dado la espalda a la misión y hemos roto la cadena. La consecuencia es que estamos asistiendo al desarraigo de Jesús de la vida de los cristianos. Jesús es hoy día un gran desconocido sobre todo para los jóvenes, y es imposible sentirse concernido por los criterios de alguien a quien se desconoce. Hemos roto la mayoría de cauces que llevan a él, y de seguir por este camino, en unos años Jesús se habrá convertido en un personaje histórico muy interesante para los eruditos, al igual que Julio César o Alejandro Magno… y nada más.

Y esto es un desastre de consecuencias imprevisibles, porque supone renunciar al poder de la Palabra; y la Palabra, incluso en los momentos más oscuros de la historia de la Iglesia, ha sido capaz de mantener dentro de las comunidades cristianas una enorme y bienintencionada multitud de creyentes que ha construido lo mejor de la humanidad. Jesús se sintió llamado a cambiar el mundo, y sin duda ha contribuido de forma decisiva a la formación de sociedades más justas, compasivas, solidarias e igualitarias, y esto es lo que estamos poniendo en riesgo… quizá sin ser conscientes de ello.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

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