Las tribus primitivas, tan ligadas a la naturaleza a la que llamaban “La Madre Naturaleza”, experimentaban una relación con ella que contiene un magnífico mensaje para nosotros hoy. Cuando veían moverse las hojas de los árboles, no sabían el fenómeno físico por el cual esto ocurría, pero sí les estaba anunciando un cambio de temporada. Vendrían las lluvias, tan beneficiosas para alimentar los cultivos, para hacer crecer los ríos, para curarse de ciertas enfermedades. Todo eran beneficios. Y veían, detrás de ese frescor que notaban en sus rostros, el espíritu de sus antepasados. Sabían discernir los signos de los tiempos y vivían agradecidos por el espíritu de ellos.
Nosotros tenemos el primer relato de la Creación del Universo en el libro del Génesis, lleno de poesía y mensaje. Justo al adentrarnos en sus líneas, leemos: «La tierra estaba desierta y vacía, las tinieblas cubrían el abismo y el Espíritu de Dios planeaba por encima de las aguas», lo mismo que planea un pájaro, inmóvil, antes de echarse sobre su presa. No puede tratarse de un viento violento ya que este viento violento no planea nunca. Más bien era un viento que pronosticaba parabienes. Y el final del relato, concluye: “Hagamos a los hombres a nuestra imagen según nuestra semejanza”.
¿Por qué el texto habla en plural? Porque la formación de las personas es una epopeya realizada conjuntamente entre Dios y el individuo. Entre Su Espíritu y el nuestro. La libertad es una cualidad que se nos ha dado unida a la responsabilidad, a la justicia y a la sinceridad. Estas cualidades confeccionan nuestro espíritu. Y tenemos un maestro, Jesús, para que confrontemos y aprendamos a elaborar, en nuestra vida diaria, un espíritu de plenitud como lo tuvo Él.
En la conversación de Jesús con Nicodemo, nos pone Él mismo sobre la pista de lo que actualmente debemos considerar: «Lo que ha nacido del Espíritu (pneuma) es espíritu. El viento (pneuma) sopla por donde quiere, oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a donde va. Así ocurre con todo el que ha nacido del pneuma» El evangelista utiliza adrede la misma palabra para el viento que sopla y para el Espíritu. Nos podemos hacer una idea de la forma en que Jesús conformaba Su Espíritu. Cuando rezaba diariamente, no lo haría de forma rutinaria ni vocalizando oraciones enlatadas. Sería un diálogo de sinceridad y confianza con su Padre de la misma forma que un hijo habla con su padre. Sin rutina. Sin letras inventadas. Abriendo su corazón, relatando sus proyectos, sus preocupaciones, sus miedos, la responsabilidad que se le venía encima. Y, sobre todo, confiando en la respuesta de su Padre. ¡Tenemos tanto que aprender de Jesús!
Esta fiesta inmemorable era para el pueblo de Israel eminentemente agrícola. También se denominaba fiesta de las Cosechas y fiesta de los Primeros Frutos (Bikkurim), en conmemoración de la costumbre de traer ofrendas al templo sagrado de Jerusalén con los primeros frutos de la cosecha y los primeros animales nacidos en los rebaños. Con la fiesta de Shavuot, nuestros antepasados en la fe, buscaban enseñar las labores rurales a las nuevas generaciones, a menudo acompañados de música y folklore local. Shavuot es la culminación de la «cuenta del omer» de siete semanas de largo, que comienza después de Pésaj. El mismo nombre shavuot significa «semanas», en reconocimiento a las semanas de expectación que les lleva hasta la experiencia del Sinaí. Representa para ellos el camino espiritual desde la salida de la esclavitud de Egipto hasta la entrega de los mandamientos en el Monte Sinaí. Lamento que ese espíritu de transmisión se haya perdido. Sí, se habla, hablamos. Pero, ¿transmitimos?, ¿enseñamos el Espíritu de Jesús?
A través del Concilio Vaticano II se intentó abrir las ventanas para que entrara el “aire de Jesús”, de manera que los movimientos de liberación de la mujer se han podido tomar como un nuevo Pentecostés. Y ese viento continúa planeando sobre el Vaticano para poder entrar en el interior de la Iglesia. Y a pesar de las “sagradas leyes” del sábado y de las “venerables tradiciones”, las mujeres se han ido formando, creando, incluso, lazos de unión frente a propuestas comunes y ejerciendo funciones y liderazgos, reflexionando sobre nuevos discursos teológico basados en sus propias experiencias.
¿Qué está pasando con esos “jefes de las sinagoga” que muestran más poder que servicio, más miedo que diálogo y más encubrimiento y soslayos en vez de más verdad?
La encorvatura de la mujer que narra el evangelio de Lucas se debía a las condiciones de permanente servilismo de siglos y siglos. Pero actualmente, las condiciones están cambiando. Cada vez son más las mujeres que experimentan el enderezamiento que les produce el encuentro con Jesús resucitado. A todas y cada una, Jesús les anuncia “Paz” y les trasmite su Espíritu.
¿Cuántos vientos deben correr todavía para que las instituciones establecidas puedan discernir los signos de los tiempos? Mientras tanto, el Espíritu que mueve a las mujeres es imparable. Actualmente ese Espíritu sigue planeando e intentando que la atención no se desvíe hacia curaciones en sábado.
Amelia Hidalgo
Lda. en C. Biológicas
