Fe Adulta

Ser pan

7 de junio

Jn 6, 51-58

En la llamada “última cena”, Jesús se presenta a sí mismo a través de la elocuente imagen del pan: “Esto es mi cuerpo” (= “esto soy yo”, según la traducción que parece más exacta).

La imagen del pan reviste un significado inmediato: entrega. El pan no tiene valor en sí mismo, sino en cuanto alimenta. Pero solo puede alimentar cuando es comido, es decir, cuando sale al paso de la necesidad de las personas.

Jesús aparece, por tanto, como quien en todo momento sale al paso, incluso al precio de su propia vida. Realizando sus propias palabras, fue capaz de “perderse a sí mismo” —incluso en sentido literal— para que otros tuvieran vida.

La persona que comprende lo que es no puede sino vivirse como pan, es decir, como entrega desapropiada. Porque ha comprendido que no es ella la “dueña” de su vida, que no es ella la que vive, sino que es vivida. Quitado el yo de en medio, solo queda vida entregándose.

Además de entrega, la imagen del pan es imagen de unidad. Cuando Jesús, al tomar el pan —la realidad más cotidiana—, dice “esto soy yo”, lo que en realidad está diciendo es lo mismo que recogió el evangelio apócrifo —y, sin embargo, fiable— de Tomás: “Yo soy todas las cosas”.

A la vez que entregada —de manera desapropiada—, la persona sabia es la que ha visto que, más allá de las diferencias, todo es uno, porque el fondo de lo real es el mismo en todas las formas.

 

Enrique Martínez Lozano

(Boletín semanal)

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