Fe Adulta

Máximo compromiso, máxima confianza

Mt 9, 36 y 18,8

«A estos doce envió Jesús»

Todo empezó con los doce. Luego fueron setenta y dos, luego muchos más, luego se fueron congregando en torno a los Testigos y se sintieron una “comunidad” con una misión que cumplir. No tenían templos y se reunían por las casas para celebrar “la cena del Señor”; para escuchar a los Testigos, leer las recopilaciones de los hechos y dichos de Jesús que surgieron cuando los Testigos no dieron a basto, y atender las necesidades de los más pobres: «Nadie consideraba lo que tenía como propio … de manera que no había entre ellos ningún indigente».

Y aunque eran perseguidos, encarcelados y martirizados, su forma de vivir era tan contagiosa que no cesaban de crecer. Luego vino Constantino, el poder, el boato… y los que antes eran perseguidos se convirtieron en perseguidores. Mejor dicho, fueron algunos de sus líderes los que se convirtieron en perseguidores, mientras otros fueron ejemplo de entrega y servicio. Pero la fuerza del Espíritu siguió actuando sobre la gente y suscitando personas dedicadas a hacer el bien; dispuestas a servir y a ayudar como nunca ninguna otra organización humana lo haya hecho. Y dieron (y siguen dando) fruto abundante.

Y así, a lo largo de los siglos, generación tras generación, se ha ido creando una larga cadena que ha mantenido vivo el espíritu de Jesús hasta nuestros días. A ella debemos su conocimiento, y ahora es nuestro turno de responder a lo recibido. De nosotros depende que su espíritu siga guiando la vida de la gente o se convierta en algo marginal; al menos en los países prósperos. Esa tarea requiere un compromiso firme, y ese compromiso constituye la razón de ser de los seguidores de Jesús… «Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros».

Es habitual entender la condición de cristiano como “privilegio”, pero la misión que tenemos encomendada de transformar el mundo en una comunidad de Hijos requiere verla esencialmente como “compromiso”. Los primeros cristianos se comprometieron con ella; ella era el motor de sus comunidades, ¿pero cuál es nuestro compromiso? ¿cuál es el motor que mueve nuestras vidas? ¿cuál es nuestra razón de ser como cristianos? … ¿Ser la sal que da sabor al mundo o la levadura que fermenta la masa? ¿trabajar para que el sueño de Dios se haga realidad?… ¿o ninguno?…

Los criterios de Jesús escandalizan, y la mejor prueba de ello es el escándalo que provocó Jesús que lo llevó hasta la muerte en cruz. Los primeros cristianos también escandalizaban y también sufrieron persecución y muerte… Y es una mala señal que nosotros, los que nos llamamos seguidores de Jesús, no escandalicemos a nadie ni nos señalen como gente peligrosa a la que hay que combatir. Algo está fallando.

Ruiz de Galarreta, proponía un lema para inspirar la vida del cristiano: «Máximo compromiso, máxima confianza» Máximo compromiso porque no hay límite a lo que se espera de nosotros … Máxima confianza, porque el compromiso es con nuestra Madre.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

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