Mt 10, 26-33
«En cuanto a vosotros… no temáis»
Como dice José E. Ruiz de Galarreta en su comentario, el texto de hoy participa de una vieja mentalidad de Israel, según la cual, las calamidades de la vida son malas y Dios se las evita a los justos, y los sucesos afortunados son buenos y Dios se los envía como premio a su justicia. Hoy estamos orgullosos de haber superado esta mentalidad, pero nos hemos quedado a medio camino porque seguimos considerando “bien” lo que nos produce satisfacción, y “mal”, lo que nos provoca dolor o amargura.
La interpretación del bien y del mal que propone el evangelio es otra distinta. En el evangelio se identifica el bien con lo que nos ayuda a caminar hacia nuestro destino, y el mal con lo que nos mueve a vivir instalados en este mundo olvidando que esta vida es provisional. Y es que el evangelio está pensado desde la trascendencia; desde la premisa de que la vida humana va más allá de lo que se ve; de que hay más y más importante; y que aquello que se ve es camino y siembra para lo que no se ve…
Y éste es un mensaje que puede hacernos reflexionar para ver hasta qué punto hemos asumido los criterios del mundo y perdido el sentido de transcendencia; hasta qué punto hemos olvidado que el acierto o desacierto de nuestras acciones no pueden estar referidos sólo a esta vida, sino a la vida entera; la de antes y la de después de la muerte; o hasta qué punto desdeñamos las referencias que hace evangelio a la vida más allá de la muerte porque nos parecen trasnochadas y fuera de lugar en nuestro tiempo.
¿Pero cuál es concretamente nuestro destino?… No lo sabemos; y no lo sabemos porque no nos lo han dicho. La imagen del “más allá”, con premios maravillosos para los justos y castigos horribles para los impíos, no se desprende de una lectura correcta de los textos evangélicos, y está perdiendo vigor. Pero superada la imagen tradicional, hemos tratado de llenar el vacío echando mano de otras (todas respetables y todas gratuitas) que hunden sus raíces principalmente en la metafísica oriental.
Y esto puede ser positivo si nos ayuda a caminar, pero tiene un riesgo: confundir lo que es una “imagen” fruto de nuestra “imaginación”, con la realidad, y empeñarnos en persuadir a los demás de que nuestra versión de lo que somos y de lo que ocurre tras la muerte es la verdadera… y que la suya es falsa… Pero ni son verdaderas ni son falsas, todas son creencias legítimas que no afectan a la esencia evangélica.
Hemos comenzado citando a Ruiz de Galarreta y vamos a finalizar con otra de sus citas: «No tengo ni idea de lo que me espera después de la muerte, pero espero que mi Madre me tenga preparado algo estupendo».
Miguel Ángel Munárriz Casajús
Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí
