Fe Adulta

Y estaba sujeto a ellos

28 de junio de 2026

El evangelio apunta a la vida. Y, por eso, dice cosas que nos ayudan a vivir con humanidad.

Leemos en el texto de este domingo que Jesús ESTA SUJETO A ELLOS, a sus padres en su villorrio de Nazaret. Es otra manera de hablar de la encarnación de Jesús: se somete a la autoridad de sus padres (en aquella época en que tal autoridad no se cuestionaba). Acatar la indiscutible autoridad paterna era aceptar la autoridad de Dios.

Eran otros tiempos. Hoy se emplea entre padres e hijos una autoridad de la igualdad, difícil, más valiosa, sin duda. Aunque también tiene su lado cuestionable: nos quejamos, con frecuencia, de que se ha perdido la autoridad de padres y maestros. Muchos se preguntan cómo recuperar esa autoridad y qué puede aportar la fe cristiana a ese asunto.

· Autoridad que se entrega: quien quiera recuperar la autoridad ha de entregarse a la causa de sus hijos. Ser padre, bien lo sabéis, es una vocación que demanda una entrega continua. Hacer dejación de tal entrega degenera en un peligroso “coleguismo”.

· Autoridad que se da: hay padres/madres que trabajan mucho para que nada falte a sus hijos. Pero les cuesta dar tiempo, preocupación, interés, dedicación. Dan pero no se dan. Así es difícil acercarse al corazón del niño.

· Autoridad que acompaña: para lo que es preciso hacer un fuerte acopio de paciencia, de flexibilidad y empatía.

Es bueno preguntarse si la fe puede aportar algo a esta tarea. Pues sí. Además de la carga de valores humanos que contiene, la espiritualidad puede ayudar a configurar el corazón de la persona. Muchos hijos de hoy no siguen el camino creyente, religioso, de sus padres. Paciencia y coherencia. Paciencia para respetar su ritmo de vida. Coherencia para no desdecir con nuestras obras lo que afirmamos con nuestras palabras.

Ahora que en verano hay más tiempo para la lectura, habríamos de volver a leer aquel viejo poema de Kalil Gibrán, profundo y discutible, que se titula “Tus hijos no son tus hijos”:

Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.

No vienen de ti,
sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos,
pues ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas,
porque ellos
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerles semejantes a ti,
porque la vida no retrocede

ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas,
son lanzados.
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero,
sea para la felicidad.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

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