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El primer gran desafío de león xiv acaba en excomunión

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León XIV agotó la vía del diálogo para evitar la consagración de cuatro obispos por la Fraternidad San Pío X sin mandato pontificio. Consumada la ruptura, el Vaticano declaró la excomunión prevista por el Derecho Canónico.

Pocas veces un pontificado se ha visto sometido tan pronto a un pulso de autoridad. Apenas un año después de su elección, León XIV ha tenido que afrontar una crisis que ningún Papa desea al comienzo de su ministerio: la ruptura pública de la comunión con un sector de la propia Iglesia. Su respuesta a esta crisis no solo marca el rumbo de este conflicto, sino que también deja entrever cómo ejercerá el ministerio petrino en los próximos años.

El pasado 1 de julio, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X consagró en Écône (Suiza) a cuatro nuevos obispos sin autorización del Romano Pontífice. Era una decisión anunciada desde hacía meses y de cuya gravedad eran plenamente conscientes tanto la Fraternidad como la Santa Sede. El Derecho Canónico considera ese gesto un acto de naturaleza cismática y prevé para quienes lo realizan la excomunión latae sententiae, es decir, automática. Un día después, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe confirmó oficialmente que tanto los dos obispos consagrantes como los cuatro nuevos obispos habían incurrido en esa sanción canónica.

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por el arzobispo francés Marcel Lefebvre en 1970 como reacción a las reformas del Concilio Vaticano II, cuenta hoy con más de 700 sacerdotes, centenares de seminaristas y casas en más de setenta países. Aunque nunca ha roto completamente sus vínculos espirituales con Roma, tampoco ha aceptado plenamente la autoridad del Concilio ni de los papas posteriores, manteniendo desde hace décadas una situación canónica irregular.

Lo verdaderamente significativo de este episodio es que León XIV hizo cuanto estuvo en su mano para evitar llegar a ese desenlace, pero no quiso conceder privilegios extraordinarios a un grupo sin otra justificación que la de guardar las apariencias de una comunión inexistente.

Dos días antes de las consagraciones, el Papa dirigió una carta personal al superior general de la Fraternidad, Davide Pagliarani. En ella apelaba a la comunión de la Iglesia, pedía que no se consumara una ruptura que calificaba de dolorosa e insistía en que las puertas del diálogo seguían abiertas. Su petición era clara: no «lacerar la túnica de Cristo».

La respuesta fue negativa. Las consagraciones se celebraron igualmente.

Y ahí apareció otro rasgo del nuevo pontificado. León XIV mostró que diálogo y firmeza no son términos incompatibles. Quienes esperaban una salida de compromiso comprobaron que el nuevo Papa distingue con claridad entre dialogar y renunciar a aquello que considera esencial. Intentó evitar la ruptura hasta el último instante, pero, una vez consumada, ejerció sin vacilaciones la autoridad propia de su ministerio.

No es la primera vez que el nuevo Papa ofrece esa impresión. Desde el inicio de su pontificado ha demostrado una notable serenidad para sostener posiciones que sabe controvertidas, sin elevar el tono pero también sin ceder cuando considera que están en juego cuestiones fundamentales. Esa combinación de capacidad de diálogo y convicciones firmes empieza a perfilar uno de los rasgos característicos de León XIV.

La historia reciente demuestra, además, que Roma llevaba décadas intentando evitar este desenlace. Juan Pablo II excomulgó a Marcel Lefebvre tras unas consagraciones similares en 1988. Benedicto XVI levantó posteriormente aquella excomunión como gesto de reconciliación, aunque la Fraternidad nunca recuperó una situación canónica normal. Francisco mantuvo abiertos diversos cauces pastorales y siguió buscando un acercamiento. León XIV hereda, por tanto, un conflicto que ningún Papa ha conseguido resolver y que vuelve ahora a situarse en primer plano.

Sería igualmente simplista interpretar este episodio como un mero conflicto litúrgico. Más allá del uso del latín o de las formas de celebración, lo que estaba en juego era el reconocimiento efectivo de la autoridad del Papa y del Concilio Vaticano II. Para la Santa Sede, las nuevas consagraciones hacían imposible seguir hablando de un simple desacuerdo interno.

Todo ello no impide que el episodio deje abiertas preguntas de mayor alcance. Resulta inevitable que, en pleno siglo XXI, la palabra excomunión despierte una cierta sensación de anacronismo. Para muchos creyentes cuesta comprender que una Iglesia que anuncia el Evangelio de la fraternidad siga recurriendo a categorías jurídicas nacidas en una organización fuertemente jerárquica y patriarcal. Quizá el verdadero debate no sea solo el de la excomunión, sino el del modelo de Iglesia: una Iglesia sustentada principalmente en el derecho y el poder, o una comunidad cuya fuerza brote, ante todo, de la autoridad moral del Evangelio, inspirando caminos de liberación, igualdad e inclusión.

Inma Calvo Torrejón

Fuentes consultadas

Vatican News. Último llamamiento del Papa a la Fraternidad San Pío X antes de las consagraciones episcopales (29 de junio de 2026).

Vatican News. El Dicasterio para la Doctrina de la Fe declara la excomunión tras las consagraciones episcopales ilícitas (2 de julio de 2026).

Código de Derecho Canónico, cánones 1013, 1382 y normativa sobre la excomunión latae sententiae.

Documentación histórica sobre la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y las excomuniones de 1988.

Información de contexto publicada por El País y la Cadena SER sobre las consagraciones episcopales y los intentos de mediación de la Santa Sede.

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