Fe Adulta

Isaías 6, 1-8

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El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre su trono alto y excelso; la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él, y se gritaban uno a otro diciendo:

¡Santo, santo, santo
el Señor de los ejércitos,
la tierra está llena de su gloria!

Y temblaban las jambas de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije:

– ¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.

Y voló hacia mí uno de los serafines con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas, la aplicó a mi boca y me dijo:

– Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.

Entonces escuché la voz del Señor que decía:

– ¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?

Contesté:

– Aquí estoy; mándame.

Para releer el comentario de José E. Galarreta, pinche aquí

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