Fe Adulta

Nuevo libro: “guía para volver a casa. comentario al evangelio de cada día. ciclo a – 2016/2017”

Lo sepa o no, en todo lo que emprende, el ser humano no busca otra cosa que “volver a casa”. Ese es su mayor anhelo y el motor de su existencia.

La “casa” es nuestra verdadera identidad. Por tanto –y esta es la primera paradoja-, buscamos lo que ya somos, pero que en gran medida ignoramos. La ignorancia nos hace buscar a tientas y la añoranza nos empuja a compensar.

Porque, mientras nos creemos lejos de casa, sentimos frío y vacío, que tratamos de compensar con mil objetos sustitutorios: dinero o poder, imagen o títulos, placeres o creencias, sexo o religión, relaciones o soledad…

La sensación de estar lejos de casa se manifiesta como ansiedad, que nos hace adictos a cualquier cosa que pueda aliviarla. Pero no hay satisfacción posible mientras permanezcamos en la ignorancia.

La realidad es que no hay ninguna lejanía. Aunque hayamos pensado lo contrario, lo cierto es que nunca hemos estado –ni podemos estar- fuera de casa. Lo que necesitamos es, sencillamente, caer en la cuenta de que ya estamos en ella.

El autor se acerca al evangelio como palabra de sabiduría. En Jesús encuentra a un hombre sabio que vivió plenamente consciente de su identidad, que no es separada de la nuestra. Y en la palabra del evangelio percibe guiños que inspiran, sostienen y alimentan el camino de “vuelta a casa”, aquella identidad una que compartimos con todos los seres. Por eso, al encontrarla –al caer en la cuenta-, nos encontramos a nosotros mismos y a todos los seres. A esa “casa” Jesús la llamó “tesoro escondido”, “perla”, “semilla”, “Reino de Dios”, “Vida” o “Padre”. Al encontrarla, comprendemos que todo lo que dijo Jesús lo podemos decir cada uno de nosotros con la misma verdad. Todo ser humano puede decir: “Yo soy la vida” o “El Padre y yo somos uno”.

“La desilusión es la comprensión de que nada fuera de ti (ninguna persona, objeto, sustancia, acontecimiento)  te hará plenamente feliz, ni te completará, ni te llevará de vuelta a Casa.

La paz es la comprensión de que nada fuera de ti (ninguna persona, objeto, sustancia, acontecimiento)

te hará plenamente feliz, ni te completará, ni te llevará de vuelta a Casa.

No hay prácticamente ninguna distancia entre la desesperación y el despertar de la gratitud.

No puedes llegar a Casa, amigo. ¡Nunca saliste de ella!”

(Jeff Foster).

“Que en la algarabía de nuestras tareas sin fin no cese de resonar en el fondo de nosotros, como emitido por un instrumento de cuerda única, este constante llamamiento: ¡Oh! ¡Despierta! ¡Sé consciente!”

(Rabindranath Tagore).

“Entre usted y Dios no hay distancia para un camino”

(Nisargadatta).

“Qué dichosa será tu alma y qué bien empleada estará si se entra dentro y se está en su nada, allá en el centro”

(Miguel de Molinos).

“Compare usted la conciencia y su contenido con una nube. Usted está dentro de la nube, mientras que yo la miro. Está usted perdido en ella, casi incapaz de ver la punta de sus dedos, mientras que yo veo la nube y otras muchas nubes y también el cielo azul, el sol, la luna y las estrellas. La realidad es una para nosotros dos, pero para usted es una prisión y para mí un hogar”

(Nisargadatta).

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Enrique Martinez Lozano

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